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Embriones por encargo

por encargo es el provocativo título de una nota publicada en el New England Journal of Medicine el 25 de abril de 2013 firmada por I. Glenn Cohen, J.D. (Harvard), y Eli Y. Adashi, M.D. (Brown University).

El texto relata el surgimiento de bancos de embriones que podrían comenzar a comercializar embriones humanos a partir de los “pedidos” formulados por personas adultas. En este sentido, cita un informe publicado en Noviembre de 2012 por el diario Los Angeles Times sobre una clínica que reduce costos creando una camada de embriones con fines reproductivos a partir de una sola donante de óvulos y un donante de esperma, y ofreciendo luego esos embriones a diversos pacientes. Compara también esta realidad con la poca aplicación que tiene en los Estados Unidos la donación de embriones.

La nota analiza muy sintéticamente diversas objeciones que se podrían plantear a esta posibilidad de comprar y vender embriones a pedido, y las va rechazando una por una. En lo fundamental, para estos autores, dado que actualmente en los Estados Unidos ya se puede comprar y vender gametos, no existiría –afirman- una razón válida que impida la compra y venta de embriones.

La nota se titula “Made-to-Order Embryos for Sale — A Brave New World?” (Embriones por encargo para la venta – ¿Un nuevo mundo feliz?) y viene a poner sobre la mesa la actualidad que presentan los problemas bioéticos y jurídicos vinculados con los embriones humanos.

Comentando la noticia, Wesley Smith del Center for Bioethics and Culture Network afirma que la ley de Nueva York que permite comprar óvulos es contraria a la ética y esa incorrección es usada en la nota para justificar una mayor cosificación de la vida humana y la fabricación y venta de embriones. Para Smith la respuesta adecuada es rechazar la ley de Nueva York, no crear un mercado de embriones como “commodities” (http://www.cbc-network.org/2013/04/made-to-order-embryo-commodities-market/).

Por nuestra parte, agregamos que esta posibilidad de comprar y vender embriones deja en evidencia la lógica de fondo que predomina hoy en las técnicas de fecundación artificial. En lugar de la gratuidad en la transmisión de la vida que encierra la unión de varón y mujer, con estas técnicas y particularmente con la técnica que admite la dación de gametos y de embriones, se ingresa en una lógica de producción, donde el niño se convierte en un producto programado a través de la selección inicial de la “materia prima” (los gametos) y posteriormente de los embriones (diagnósticos preimplantatorios). Además, la identidad de los niños así concebidos se ve fragmentada en diversos componentes, en lo que constituye un experimento social de insospechadas consecuencias. Existe un interesante estudio sobre el tema, liderado por la Dra. Elizabet Marquard que se titula “My daddy is a donor”.

A ello se suma que, además de las pretensiones de quienes padecen enfermedad o esterilidad, son muchos los intereses biotecnológicos que codician los embriones humanos, por su enorme potencial vital, ya sea para fines comerciales, de investigación, o bien de generación de seres humanos con características genéticas programadas.

Finalmente, debemos decir que estos temas no han sido ni siquiera considerados en los proyectos que actualmente se debaten en Argentina. Aún más, si se aprueba el Código Civil tal como fue propuesto y que desconoce a los embriones su carácter de personas, y se sanciona la ley de fertilización asistida que aprobó el Senado el 24 de abril de 2013 para una nueva revisión en Diputados, existirían fuertes presiones para avanzar en una tal mercantilización de los embriones humanos en Argentina. Ciertamente, existen normas que podrían impedirlo, comenzando por aquellas que prohíben todo lo que afecte la vida humana. Pero el legislador no ha previsto nada en forma expresa para frenar estos claros abusos biotecnológicos.

 

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