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La dimensión sociocultural de una tragedia

El pasado sábado 16 de abril se ha producido una tragedia en el trascurso de una de las llamadas “fiestas electrónicas” en el predio comercial de Costa Salguero de la ciudad de Bs. As., en la que cinco jóvenes que no sobrepasan los 25 años han fallecido y otros cinco fueron internados de urgencia, como consecuencia del consumo de determinadas drogas sintéticas. Desde distintos ámbitos trascendieron afirmaciones relativas a una cantidad de factores que potenciaron semejante desenlace. Entre ellos las irregularidades edilicias y de habilitación del espacio, la naturaleza particular de las pastillas, un exceso de asistentes desproporcional a la capacidad del establecimiento, condiciones del personal médico y de seguridad disponible, deshidratación por escasez de agua, condiciones sanitarias, etc. Se suman las sospechas de complicidades para el ingreso y comercialización de las pastillas y la presunción de las macabras intenciones lucrativas de esas acciones. Estos factores -sujetos a las pesquisas judiciales correspondientes- son determinantesen el análisis de lo sucedido porque de no haber habido tantas irregularidades es muy posible que no se hubiera llegado a tal extremo. Pero aun así, esto es el producto final de todo un contexto sociocultural relativo a la los jóvenes y adolescentes- aunque no sólo a ellos-que tiene una significativa, cuando no absoluta, incapacidad de brindarle un marco de protección y contención multidimensional en el que puedan aspirar a realizarse plenamente.

Aquí lo único accidental es el lugar y ámbito en que se desarrolló este doloroso suceso. Y el fugaz tratamiento mediático en breve lo sustituirá por otra catarata de  noticias en su mayoría irrelevantes, hasta que la realidad nuevamente llega a sus límites. Como hace aproximadamente un mes, cuando un joven que conducía un vehículo con altísimos niveles de alcohol atropelló y mató a otro joven que circulaba por la vereda y huyó del lugar de los hechos.

Es precisamente la magnitud de las tragedias, como permanentemente sucede, lo que saca circunstancialmente a la luz el estado de anomia en que vivimos y con el que somos conniventes. La sorpresa frente al hecho evidencia la indiferencia. Y el producto final se repite, vidas cercenadas y el sufrimiento inconsolable de los familiares de las víctimas.

“Una sociedad que sólo abre los ojos frente a la muerte es mínimamente una sociedad irresponsable, por no decir cómplice.”[1] Escribe paraLa Nación, María Pía del Castillo, psicopedagoga y directora de la “fundación Padres”, al otro día de producido el hecho.

La realidad es que este tipo de fiestas existen desde hace décadas.

Los jóvenes y adolescentes de la actualidad subsisten inmersos en una cultura de “entretenimiento y diversión”-en verdad es de descontrol y autodestrucción-, sobretodo nocturna, basada en maratónicas jornadas de consumo desmedido de alcohol y drogas de todo tipo, en boliches, bares, incluso en las propias casas, frente a la resignación, indiferencia o desconocimiento de los padres, en las famosas “previas”-hoy todo se disimula debajo de rótulos- o fiestas de alguna otra naturaleza. Incluso las mujeres son víctimas del consumo implícitamente inducido de alguna pastilla a través de una bebida, para luego abusar de ellas. Las peleas que se producen dentro y fuera de estos lugares, la irresponsabilidad e inconsciencia en la relación entre las sustancias ingeridas y el manejo de vehículos- las “malditas picadas”-, que muchas veces llevan a desenlaces como el mencionado con anterioridad.

“Nuevas épocas, nuevas modas, nuevos consumos. Sin lugar a dudas, hace tiempo que comenzó una nueva generación, para muchos conocida como Generación Q: generación química. Estas nuevas modas y tendencias van de la mano del policonsumo no sólo de objetos, sino también de sustancias, así que cuando hablamos de música y boliches sabemos que esta actividad nocturna va acompañada de varios condimentos químicos(…)La juventud actual no concibe la salida del fin de semana sin consumo de sustancias, en busca de nuevas experiencias y emociones y en el intento de paliar un aburrimiento generacional. Existencia, excitación y éxtasis van de la mano en la Generación Q.”[2] Afirma Geraldine Peronace, Psiquiatra especialista en adicciones.

Con la excusa de “pasarla bien” se habilita cualquier conducta; se confunden euforia y placer con felicidad y se desdibujan todos los límites y referencias de orden. La vida sana es “aburrida”. Lo que se busca es el alejamiento de la realidad matizado de entretenimiento.

La escritora Susanna Tamaro expresa: “En el mundo que exaltan los medios de comunicación, de hecho, el bien y el mal no tiene la menor razón de existir. El “me gusta” y el “no me gusta” se han convertido en los confines éticos del mundo.” [3]

Esta es la  cultura del “entretenimiento”, de los jóvenes y adolescentes, que construimos y dejamos, consciente o inconscientemente, proliferar. Y en la que se naturalizan comportamientos sumamente dañinos.

La potencia seductora y  atrapante de las modas contemporáneas es tan grande que la desesperación por seguirlas y no quedar fuera de ellas nubla el juicio sobre las consecuencias. Ese limbo amoral no atrapa sólo a los chicos sino también a los padres, que al dudar sobre lo bueno o malo de un patrón de conducta de sus hijos, es devorado por el consenso, que precisamente no ha hecho juicio crítico, sino se ha dejado llevar por los eufemismosbajo los que este sistema cultural oculta tan devastadoras conductas.

Es notable el incremento en la frecuencia con que se observanen las plazas o esquinas, en horas de la tarde y de la noche, jóvenes cada vez a más temprana edad, fumando cigarrillo, tomando alcohol o consumiendo marihuana o incluso a veces, otras drogas aún más nocivas.

De seguir así y no realizar un cambio radical en el rumbo adoptado, el horizonte que se avizora para las generaciones más jóvenes es más que desolador: aumento en las tasas de suicidios, el incremento de cuadros depresivos, el sufrimientos de violaciones, secuestros, desaparición y esclavitud en circuitos de trata de personas, el aumento de embarazos adolescentes, la deserción escolar, la falta de interés o de posibilidad de aspirar a ir a la universidad, o el abandono de estudios universitarios o terciarios por indisciplina o falta de motivación o conflictos de otro orden. Subrepticiamente, de facto,se ha instalado una desvalorización de la vida de la juventud y un abandono a su propia naturaleza.

Es decir, nos encontramos en un muy complejo panorama sociocultural y no a un suceso coyuntural. Hemos adoptado una perspectiva de abordaje de las realidades sociales y culturales en las que se soslayan la dimensión histórica e integral de cada circunstancia aislándolas del conjunto de sus causas. En consecuencia, se van afianzado más y cuando ya se transforma en patrón de conducta decimos que es una “moda”. Estamos atrapadosen una cultura relativista en la que delegar responsabilidades es, por necesidad, un acto reflejo.Una Nación no pude subsistir conestratos de responsabilidad. Los resultados están a la vista.

El contexto de las drogas y adicciones

En el caso de las drogas, la realidad psicológica específica de la persona esta constreñida por una estructura cultural a la que fuimos indiferentes, y concretado el ámbito de interacción y de consumo,afirmamos que es inevitable y debe ser regulado.

El sistema mediático, que tiene gran responsabilidad –al igual que todos; todos somos personas públicas- en la difusión que hace de la información, tiene una dinámica que no puede sortear el simplismo, porque es incompatible con la objetividad. Se debaten tecnicismos que hay que abordar pero que no llegan al fondo de la cuestión. Sobre todo en problemas de tan alta complejidad. Y además,se suma la carencia de seriedad que alterna realidades muy relevantes con otras sumamente irrelevantes.

En pocos sectores sociales, referidos al tema de las drogas, se llega al tratamiento real de los problemas, porque generalmente el diagnóstico no penetra hasta las causas más primigenias del mismo. Por otro lado, las opiniones suelen partir de una consciencia no acostumbrada a la participación social y no predispuesta a la misma. Por tanto, los grandes cambios que implican el compromiso de todos, los observamos y percibimos como utópicos, cuando no los desalentamos. La fragmentación social queda a su vez que camuflada por las redes sociales que conectan virtualmente, simulan relacionalidad, pero que no unen verdaderamente.

Es preciso entender que el problema visto desde la óptica más abarcativa son las drogas en sí mismas, la nocividad de su  consumo. El narcotráfico y las atrocidades que éste acarrea son una consecuencia. El Estado debe encargarse de la lucha contra el narcotráfico y brindar todos los medios posibles para prevenir, atender y revertir el consumo.  Desde el punto de vista de la dimensión sociocultural, y la responsabilidad civil,debemos considerar que cuando el poder de la oferta -el narcotráfico- es tan grande e implica la responsabilidad y participación de toda la sociedad, pero excede en demasía sus capacidades y su rol, este sector debe centrarse en evitar la demanda. Y aquí es indispensable entender y aceptar que la realidad de la demanda, la realidad de la persona con la atracción y la adicción, es la que nosotros a través del tiempo hemos construido. Las épocas culturales no brotan de la nada.

Es sumamente llamativa la contradicción de  absolutizar el carácter exclusivo de la realidad humana como una construcción socio-cultural producto de la voluntad y simultáneamente afirmar la inexorabilidad de algunos aspectos de la misma.

Es desde este desentendimiento que empezamos a realizar afirmaciones como, “terminar con el tabú que niega la realidad que se consumen drogas” entonces es inevitable implementar una estrategia de “reducción de daños”que implica hablar de  “drogas menos malas”.O eslóganes que esbozan indescifrables intenciones, al proponer pasar de “un mundo libre de drogas” a “un mundo libre del abuso de drogas”. El verdadero y único tabú ya lleva décadas y es el de vivir y promover una cultura ajena a la verdad, al cuidado y respeto inalienable de la dignidad de las personas, a velar sobre todo por los más vulnerables (en este caso los jóvenes), a promover una sociedad virtuosa, a nivelar hacia arriba, a despojar la insustancialidad y a cultivar los valores que enaltecen al ser humano y lo hacen tomar consciencia del sentido trascendente de la vida.

También se argumenta distinguir el uso recreativo, del abuso y de la adicción, cayendo en el permisivismo. Al respecto cabe citar a la Psicóloga Celia Antonini:

“Debemos hablar de las fatales consecuencias del consumo de estas sustancias. Y desterrar y discutir todo romanticismo en relación a ellas: las drogas destruyen, matan y generan millones de vidas perdidas en el mundo. Por supuesto, están los adictos francos, los que solo prueban alguna vez, y los que pasan solo por un período de abuso y no consolidan una adicción. Pero en los tres tipos de consumidores, puede pasar lo de ayer en Costa Salguero(…)Las drogas son un atajo que hace que uno tenga un bienestar y ese bienestar es artificial, es químico, es un bienestar que uno no logro por sí mismo (…) Un chico que a los 14 o 15 años empieza con el alcohol cuando llega a los 20 o 21 empieza a buscar más(…) Quien empieza a drogarse tiene tres destinos: el mejor destino que puede llegar a tener es el hospital, después está la cárcel y después el cementerio.”[4] Sentencia la especialista en depresión.

Las causas de comienzo de consumo son múltiples: desde experimentar por inmadurez, una “sensación placentera” con drogas de menor efecto dañino, y que luegopuede evolucionar a drogas más nocivas, hasta el escape psicológico de problemas y situaciones dramáticas de vida.

En cualquier caso, por la misma lógica de la adicción, no puedo dar ningún signo de benevolencia de una droga, mucho menos a nivel jurídico. Lo que cambia la conducta autodestructiva es la educación sobre lo que es bueno o malo, y una atmosfera social en la que la vida da razones para superar la tentación o la adicción. El efecto psicológico de una ley estaría suscitando carácter positivo al consumo.El problema no es la ley sino la cultura.

Aquí lo que subyace es la resignación a que hay cierto nivel de este flagelo que es  inextirpable en la sociedad y, por tanto, estamos siempre subordinados al azar de sufrir o no las consecuencias de ello. Tomar las riendas es decir que el fracaso no es una opción. Cuando un problema es multifactorial si no se comienza progresiva pero integralmente a abordarlo, no hay verdadera lucha y por tanto, no se puede considerar fracasado un método que nunca se implementó cabalmente.El rumbo, el largo plazo, se debe fijar hacia lo plenamente correcto y a partir de ahí trabajar el corto plazo para construir en el ese sentido. Pero ninguna medida del corto plazo debe contrariar las de largo plazo. Es por proceder de esta forma que estamos permanentemente centrados sobre las consecuencias, para luego concluir que es una realidad cultural insorteable,irreversible e independiente de nuestra voluntad.

Resulta imposible prevenir una conducta que en simultáneo promuevo. La prevención implica, entonces, instituir en la consciencia social, familiar e individual, la naturaleza nociva de cualquier droga.El mensaje de concientización se debe ceñir a eso.

Es también determinante incorporar en la hermenéutica el componente solidario, para entender que las mismas sustancias inciden de diferentes formas en distintas personas y en distintos contextos socioculturales, afectando sobre todo a los sectores sociales más vulnerables y marginados del sistema socioeconómico.

 

La “familia social”

Ser padre es antes que nada ser el conductor de la naturaleza de los hijos hasta que ellos puedan conducirla por sí mismos. Así, desde una perspectiva social, todos- los que tengamos una madurez racional- somos padres. Porque somos los responsables de marcar el camino a la generación que precedemos. La responsabilidad es de todos.

El deterioro de los vínculos familiares imposibilita la transmisión efectiva de los valores trascendentes. Las relaciones humanas son cada vez más superficiales. Muchas veces el frenético ritmo de la vida contemporáneo y las interminables jornadas laborales reducen significativamente el tiempo que los padres tienen para pasar con sus hijos. La irrupción de la tecnología con propósitos de entretenimieto, en general, establece bloqueos en los diálogos familiares. No es extraño que los hijos usen el celular en la mesa o una familia que sustituye el diálogo por el televisor.

“La pérdida de comunicación y aislamiento familiar, la falta de sentido de pertenencia y de identidad, suele ser una característica distintiva en las familias con problemas de adicciones. En tanto que en los hogares con presencia de algún miembro adicto se observan consecuencias como el desempleo, la deserción escolar y alta incidencia de conflictos y violencia en el núcleo familiar.”[5]

Estamos en una cosmovisión cultural que aísla a los padres de los hijos o incluso enfrenta. Hay una radical pérdida del respeto a la autoridad y de la estructura jerárquica familiar, que debe poseer gran flexiblilidad pero mantener una naturaleza vertical. Los padres no deben comportarse como amigos de los hijos. Muchas veces incluso, la pirámide esta invertida. En relación a la diversión o el entretenimiento actual, los padres se escudan en que son otros tiempos, que las épocas cambian. E incluso se llega a ridiculizar al abuelo que rememora tiempos pretéritos más productivos en términos humanos. Y esto por exceptuarse o no atreverse a poner límites.

Los hijos quieren y piden límites a sus padres, es más, se los exigen aunque no lo expliciten.  No es un diálogo de conciencias es un diálogo de naturalezas, porque implica el vínculo natural de los padres que guían y protegen a sus hijos. Cuando no los reciben, esa naturaleza lo traduce como desamor y se rebela.

El exceso de libertad termina en abandono, porque no está capacitado para administrar totalmente su naturaleza. No puedo darle información y librarlo a que haga lo que a sus impulsos le plazcan. Para saber elegir lo que le hace bien, y no reprimir, debemos explicar la naturaleza limitada de la libertad. El relativismo moral conduce a cambiar lo naturalmente bueno por “naturalizar” lo que es malo. Y puede llevar a realizar conductas autodestructivas bajo la ilusión de elegir. Pero la consciencia se fortalece cuando comprende y acepta los límites morales. De lo contrario se debilita y es más propensa a ceder ante las tentaciones de cosas atractivas pero negativas, y ante la adversidad. Es preciso forjar dentro de la personalidad el autocontrol y la disciplina que permiten obedecer normas sociales. Objeto imposible ante una permisividad indiscriminada.

Revertir el déficit educativo familiar exige que los hijos se nutran de los valores y virtudes principales de la persona.

Que sepan que amar es hacerse responsable de una persona, que no incorporen un sentido de cosificación de la mujer y del hombre, que es posible construir vínculos fuertes y permanentes si están basados en el amor. Promover el compañerismo, la solidaridad, el respeto a la autoridad, el sentido de la responsabilidad de las propias acciones.Inducir a la autodisciplina, al deporte. Fomentar la pasión por el conocimiento, la formación intelectual, la lectura,el conocimiento de la historia de su país y el amor a él, la predisposición de aportar a lo colectivo, el desapego de la idea materialista de la vida, la cultura del trabajo y el esfuerzo. Que entiendan que los verdaderos ejemplos de vida no son los ídolos que presenta la cultura mediática y qué es el verdadero heroísmo; que se fijen metas trascendentes en lugar de estar a la deriva de las circunstancias. En otras palabras ayudarles a construir su futuro y el de la sociedad.

Es acuciante modificar el ecosistema social, constituido por la realidad de la persona, la familia y la sociedad, bajo la premisa fundamental de que los valores morales son atemporales y no relativos al tiempo. Ni todo pasado fue mejor ni el paso del tiempo acarrea en sí mismo grandeza y prosperidad.

Defender valores no es ser anticuado, es preservar el eje de la virtud, la moral, la sensatez, la responsabilidad, la solidaridad y la justicia que hace posible una Comunidad.

No alcanza con asegurar el contexto familiar, es preciso trascender esa dimensión y trabajar para modificar urgentemente el plano social. Buscar participar en ámbitos de debate y formarse una idea más sustancial de lo que está pasando en nuestra sociedad. Es posible realizar un sinfín de tareas, como organizar reuniones de padres y hablar de los temas para tomar verdadera consciencia de la seriedad de la cuestión, elaborar propuestas a los colegios para generar concientización, participar de organizaciones sociales, ong´s, fundaciones, etc. Involucrase en la realidad es la única forma de modificarla.

Reflexiones finales

Los hechos extremos deben servir para frenar la anestesia social y darse cuenta que no es que espontáneamente se cometió un error, sino que hace tiempo tomamos un rumbo equivocado que se ha perpetuado por inercia.

Las malas conductas circunstanciales de los hijos -como de cualquiera- se diluyen en la dinámica de un sistema socio-cultural regido por la virtud. Lo que permite abordar el porcentaje impredecible de una reacción ante un contexto determinado. Cuando el sistema está  basado en una cosmovisión insustancial y amoral, en vez de atenuarse y desaparecer, esas malas conductas proliferan.

Por la propia naturaleza maleable de toda conciencia en desarrollo, se incorpora el acervo heredado, pero sin experimentación directa de realidades socio-históricas que lo precedieron. Con cada generación se refuerza, consolida y estructura el patrimonio socio-cultural presente y se está cada vez más lejos de la consciencia de realidades pasadas.Es elemental por ello entender, que los cambios generacionales son mecanismos implícitos a través de los cuales las sociedades afianzan y fortalecen las normas cívico-sociales y jurídicas.

Es decir, que aunque su manejo no sea absoluto por ninguna sociedad, la evolución no se produce en compartimentos estancos ni por fatalismos independientes de nuestra voluntad, sino altamente condicionada por ella. Existir implica una responsabilidad histórica.

Finalmente, la historia de nuestra conducta revela con claridad que la libertad no es libertad cuando elegimos optar por aceptar un suelo básico de fracaso sino cuando una sociedad se esclaviza al deber de cuidar todas las dimensiones de lo humano.

Columna de opinión de Ricardo Romano (h)

 

[1]http://www.lanacion.com.ar/1890162-por-que-los-padres-estamos-anestesiados 17 de abril del 2016

[2]http://www.lanacion.com.ar/1890704-generacion-q-diversion-de-la-mano-de-la-quimica19 de abril del 2016

[3]“los jóvenes en la trampa del “me gusta”. http://www.lanacion.com.ar/1669226-los-jovenes-en-la-trampa-del-me-gusta5 de marzo de 2014

[4] 21/04/2016 : http://www.infobae.com/2016/04/21/1805784-los-3-caminos-que-plantean-las-drogas-el-hospital-la-carcel-y-el-cementerio

[5] “Aumento del tráfico de drogas en los barrios, problemas de adicciones sevres en las familias y poblaciones en riesgo.” Informe nº1 del barómetro del narcotráfico y las adicciones en la Argentina. Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA). Año 2015.

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