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Nuevo giro en el debate sobre las horas de servicio de los residentes médicos

El 29 de noviembre de 2016 Brad Segal publicó un artículo sobre el debate por determinar cuál es la cantidad de horas de servicio que deben cumplir los médicos residentes en el conocido sitio “Bill of Health” del Centro Petrie-Flom de la Escuela de Derecho de Harvard(1). La discusión resurge luego de que se tomara conocimiento de los nuevos límites horarios sugeridos por el plan presentado por el Consejo de Acreditación para la Educación Médica Graduada (ACGME).

¿Cuál es la cantidad de horas de servicio semanales que deben prestar los médicos residentes? ¿Cuál es la cantidad de horas de servicio que deben ser continuas? Explica el autor citado que en el año 2003 la ACGME introdujo por primera vez directrices nacionales que limitaban las horas de trabajo de los residentes a 80 horas semanales (promediado en 4 semanas) y a 30 horas de trabajo continuo. Luego, el Instituto de realizó una investigación científica sobre la relación existente entre las horas de trabajo de los residentes, la privación del sueño y los errores relacionados con la fatiga. Los resultados evidenciaron que la privación del sueño afecta significativamente la mayoría de los aspectos de la cognición. En consecuencia, la OIM recomendó limitar a 16 las horas de trabajo continuo.

Así, en el año 2011, la ACGME modificó posteriormente las guías de horas de servicio y limitó a los residentes de primer año a tramos de trabajo de 16 horas continuas. Sin embargo, ahora ACGME propone elevar el límite de horas de servicio de los residentes. Esta iniciativa ha suscitado una tensión entre dos grupos: aquellos que están a favor de la nueva directiva, y los que entienden que una mayor cantidad de horas de servicio expondría a los residentes, a sus pacientes, y al público en general, al riesgo de sufrir lesiones graves y hasta incluso la muerte –tal como manifiesta el grupo nacional de defensa, Public Citizen-. Como se verá, las cuestiones que están en el centro de la discusión son dos:  la seguridad de los pacientes y la formación de los residentes.

Los defensores de las nuevas directrices afirman que el límite actual de 16 horas tiene efectos nocivos en la formación médica.  Muchos observan que la continuidad del cuidado de pacientes agudamente enfermos -por ejemplo, desde el momento en que se presentan hasta la implementación de medidas de reanimación- es educativamente invaluable para entender el curso natural de la enfermedad grave.  Sin embargo, este tipo de escenarios clínicos que amenazan la vida, a menudo no transcurren a lo largo de 16 horas, e incluso si lo hacen, es poco probable que coincidan con el inicio de un cambio de residente.

Según ACGME, las restricciones actuales dificultan el desarrollo profesional.  Afirman que el límite de 16 horas separa a los internos de sus equipos “retrasando la maduración de las habilidades clínicas y amenazando con crear una mentalidad de ‘cambio’ en las disciplinas donde la disponibilidad nocturna para los pacientes es esencial en la prestación de la atención”.

Muchos defensores de las nuevas directrices también arguyen como razón para aumentar el número de horas de servicio de los residentes las mejoras que se producirían en la seguridad de los pacientes. Citan un estudio que siguió a más de 2.000 internos antes y después de los cambios de la ACGME realizados en el año 2011 y encontró que se reportaron errores médicos más frecuentes después de la introducción del límite de 16 horas (2). La mayor cantidad de transferencias, es otro argumento utilizado para fortalecer esta postura. Los pasantes con turnos de 16 horas deben cambiar la responsabilidad clínica de sus pacientes con mayor frecuencia en comparación con las directrices anteriores, lo que incrementa el margen de error y la posibilidad de posteriores complicaciones posteriores médicos.

Al finalizar el informe se explica que a más de una década de las primeras directrices introducidas por la ACGME, no existen pruebas contundentes respecto a la incidencia de la cantidad de horas de trabajo prestadas por los residentes y la seguridad de los pacientes. Por tanto las mismas estarían mezcladas (3). Esta afirmación  puede extraerse del análisis de los resultados arribados por el estudio  publicado  en el New England Journal of Medicine. El estudio fue un ensayo controlado aleatorio entre residencias a nivel nacional que ofrece evidencia sobre los argumentos empíricos planteados para y contra la propuesta ACGME. Por ello, y teniendo presente lo expresado, entiende el autor del informe que el modo en que se informan los resultados de la propuesta de la ACGME merecen una mayor y detenida atención.

Informe de Bernardita Berti García.

 

(1)  http://blogs.harvard.edu/billofhealth/2016/11/29/new-twist-in-debate-over-resident-duty-hours-part-i/

(2) Sin embargo otro estudio de los servicios de neurocirugía en Nueva York que comparó los hospitales con y sin programas de residencia, informó que los cambios de 2011 podría haber dado lugar a mayores tasas de complicación entre ciertas subpoblaciones de pacientes.

(3) Así, las consecuencias negativas de las transferencias más frecuentes podrían compensar -o tal vez superar- los beneficios de la disminución de la fatiga de los residentes.

 

 

 

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