Reflexiones después del histórico rechazo en el Senado

El 9 de agosto de 2018 ocurrió un hecho histórico.

Millones de Argentinos se manifestaron pacíficamente por si, o a través de sus representantes, a favor de la vida.

Fue la conclusión de un debate legislativo que duro 5 meses y, de un gran esfuerzo de los argentinos que entienden que toda vida vale.

Grandísimos intereses materialistas de distintas ideologías fueron vencidos.

Como consecuencia, el sistema democrático rechazó un proyecto de ley que atacaba directamente la Constitución Nacional. Entre los más graves agravios hacia ella, se encontraban:

1. Por primera vez en la tradición jurídica argentina, se proyectaba quitarle al derecho a la vida de todo ser humano, su naturaleza de principal y fundamental, intentando colocar en su lugar, con la categoría de "superderecho", un pseudo derecho "al aborto", inexistente en nuestro ordenamiento jurídico y en los tratados de derechos humanos. Por primera vez en la República Argentina, se hubiera impuesto en el texto de una ley, palabras que pretendían que un ser humano fuera "no persona": el niño por nacer. Su derecho a la vida cedía frente a aquel pseudo derecho de su madre sin que, ni siquiera su propio padre, pudiera defender legítimamente la vida de su hijo.

Para ello ponía a disposición todos los recursos del aparato estatal.

2. Atacaba el derecho a la libertad del personal de la salud, vulnerando la garantía de su derecho a la libertad de pensamiento y su derecho a enseñar, aprender y ejercer conforme su ciencia y conciencia, estableciendo, de no cumplirse los mandatos del proyecto, pena de prisión e inhabilitación. Se prohibía a las instituciones su libertad de ideario y de objeción de conciencia institucional.

3. Intentaba imponer a todas las instituciones educativas del país y a los docentes y personal de la salud (art. 19 del proyecto), la obligación de enseñar que el aborto (muerte de niños y niñas) era un derecho a la salud de toda madre, sin importar su edad, pudiendo incluso hacerlo una niña, acompañada a realizarlo por allegados afectivos sin conocimiento de sus padres, desde la más temprana. Atacaba así la libertad de educación, tanto de los docentes como de las instituciones, los niños y sus padres y, en general, de los argentinos.

Hay que tener clara conciencia de la dimensión de la gran batalla ganada por la democracia y en democracia.

Propongo, entre otros objetivos:

  1. Crecer en unión entre todos los hombres y mujeres de buena voluntad que se sientan llamados en colaborar a salvar todas las vidas en forma respetuosa y pacífica, excluyendo toda violencia física o moral, suave en la forma y firme en el fondo, con entrega y fortaleza.
  2. De ninguna manera bajar los brazos, sino mantenerlos en alto para salvar en forma inclusiva, todas las vidas, partiendo del abordaje de las causas del grave drama del aborto, luchando por darle solución, sin que jamás la solución sea matar a un niño víctima inocente del aborto, con las dolorosas consecuencias postraumáticas que, además perjudican tarde o temprano a la mayoría de los otros involucrados, especialmente a la madre del niño muerto, creando generaciones de mujeres doloridas de por vida y vulneradas en su energía vital.
  3. Continuar desde la academia, el constante estudio y capacitación, en equipo interdisciplinario, la transferencia al medio de otra voz, que desde el amor y el respeto, se exponga en base a fundamentos científicos, a toda persona que lo necesite, especialmente a los más jóvenes y vulnerables.
  4. Desde el análisis profundo de las causas del aborto ayudar, especialmente a las mamás más vulnerables, por sus necesidades materiales y/o espirituales, a salir adelante de sus dificultades, ayudándolas con actos concretos, en especial, a través la creación de una red de contención integrada por todas las O.N.G. que se especializan en ello, ayudando también a quienes han pasado por la vivencia de tal dolorosa práctica a curar sus heridas para que puedan salir adelante de su drama y su dolor, en muchísimos casos silencioso.

Informe de Luis María Calandria