2018: El año del pañuelo

Concluye un año intenso, signado por la crispación, el ensanchamiento de grietas de antigua data, la aparición de otras nuevas y en lo que específicamente nos interesa, el 2018 confirma una tendencia que venimos advirtiendo en los últimos años: la problemática bioética ocupa un lugar cada vez más central en la opinión pública. Las cuestiones bioéticas –o al menos las opiniones vertidas al respecto–, otrora privativas de filósofos, médicos y abogados especializados, hoy está en boca de todos.

A continuación se delinearán algunas de las notas salientes del “año del pañuelo”, se intentarán extraer algunas conclusiones y finalmente, se ensayará un pronóstico para lo sucesivo en el ámbito bioético.

 

  1. LIBERALIZACIÓN DEL ABORTO

La discusión en torno a la liberalización del aborto claramente se ha destacado  por su centralidad durante la primera mitad del año. Con independencia de las motivaciones detrás de la instalación del asunto en la agenda mediática y legislativa (en ese orden), así como el cálculo político llevado a cabo por el Poder Ejecutivo para promoverlo, gran parte de la población del país se movilizó de algún modo apoyando o rechazando las medidas propuestas, por lo que el tema del aborto ha sido sin duda uno de los más relevantes del 2018.

El proyecto fue presentado el 5 de marzo con la firma de 71 diputados, obtuvo media sanción de la Cámara de Diputados el 14 de junio y el 9 de agosto fue finalmente rechazado por el Senado. Ningún otro proyecto de ley motivó semejante cobertura mediática, la conformación de una comisión plenaria en la Cámara baja y la toma de posición por prácticamente toda la ciudadanía.

Hemos realizado numerosos comentarios respecto del articulado del proyecto, a los que remitimos en honor a la brevedad. No obstante, procurando una breve reflexión respecto de lo acontecido durante los meses de trámite parlamentario, cabe poner de relieve algunos elementos de un fenómeno que dista de encontrarse concluido.

a) Compromiso militante

Los aires que se respiran en todo el país exigen la lectura de una expresión muy ligada a la juventud que parece confirmar un reverdecer de la política, que aunque aún en un estadio estético y adolescente, va dando cuenta de un compromiso creciente de parte de las nuevas generaciones. Desean embanderarse, anhelan un sentido de pertenencia, una causa que los trascienda, que produzca un efecto real en el mundo.

En ese marco, se realizaron grandes movilizaciones y cientos de miles de personas asumieron posición, algunas expresadas externamente mediante la utilización de prendas de diverso color y otras, aunque minoritarias, a través del trabajo concreto y comprometido con alguna de las causas que motivan situaciones de vulnerabilidad para las mujeres y/o sus hijos.

Ahora bien, los 5 meses transcurridos desde el rechazo en el Senado permiten sacar algunas conclusiones:

  • El “compromiso estético” se mantiene. Aunque marcadamente capitalina, la moda del pañuelo verde permanece vigente.
  • El trabajo de campo con las mujeres vulnerables, en cambio, parece generar menos adeptos. Si bien son numerosas las organizaciones y agrupaciones que (incluso con anterioridad al debate en cuestión) trabajan con mujeres en situación de especial desprotección, no parece haberse evidenciado una profundización de tal compromiso a nivel social. Con excepciones, no se ha constatado una toma de conciencia en la ciudadanía que haya redundado en la asunción de trabajo concreto en ese sentido.
  • Si bien en ningún momento de la discusión se dio cobertura mediática a la problemática de la maternidad vulnerable, limitándose aquella a la liberalización del aborto como única arista del asunto, mermó sustancialmente el tiempo asignado por los medios al tema. En consecuencia, la gran mayoría de la dirigencia política dejó de expedirse públicamente al respecto.
  • Además, no se ha dado tratamiento legislativo a ninguno de los proyectos con estado parlamentario presentados para atender a los múltiples factores que generan la desprotección de la mujer.

Por lo expuesto, entendemos que el 2018 se caracterizó por la explicitación de un compromiso militante que corre el riesgo de parecer netamente estético y por la propuesta del aborto como única salida, ineficaz para desterrar las circunstancias de inequidad que abundan en nuestro país.

De todos modos, debe reconocerse la consolidación y crecimiento de organizaciones contrarias a la práctica abortiva pero que no limitan su visión a ese problema específico, sino que afirman la intrínseca dignidad de todos los seres humanos, la existencia de derechos inherentes a la condición humana, anteriores al Estado y al consenso, la necesidad de pacificar las relaciones humanas y de desterrar toda expresión de violencia y discordia, así como la urgencia de establecer políticas de Estado de largo aliento para la eliminación de las numerosas expresiones de exclusión presentes en nuestro país.

b) Retirada estatal

Más allá de los ejes argumentales desplegados mediáticamente no debe perderse de vista que el proyecto en cuestión habilitaba la eliminación de no nacidos sin expresión de causa hasta la semana 14 y luego, si se acreditara alguna de las 3 causales previstas: a) caso de violación (sin constatación del delito ni persecución del agresor), b) peligro para la salud psico-física y social de la madre (nótese la excesiva amplitud del concepto) y c) inviabilidad extrauterina del feto. A la luz de la experiencia de otros países que ya han recorrido estos caminos es posible afirmar que su aceptación hubiera redundado en la liberalización total del aborto a demanda por la simple alusión a cualquier peligro para la salud “ampliada” (como el caso español) y con fundamento en la misma amplitud conceptual, en una tendencia favorable a la eliminación de personas con discapacidad (como el caso islandés).

A la luz de lo descripto no podría catalogarse al Estado sino como uno ausente, que libra al arbitrio adulto-céntrico el destino de los menores, en especial a los más vulnerables y a las mujeres víctimas de delitos contra su integridad sexual.

Una visión alternativa implica la necesidad de un Estado presente, que no cercene libertades fundamentales y que asista a la maternidad vulnerable de un modo consistente con los DDHH de todos los sujetos involucrados, sin excluir a ninguno. Un Estado presente se afirma también en la imperiosa necesidad de perseguir penalmente a los violadores, en especial cuando existe sobrada evidencia del origen intrafamiliar de la gran cantidad de abusos cometidos contra niñas y mujeres mayores de edad. Un Estado presente es aquel que educa, que brinda opciones reales, que favorece el crecimiento individual en términos económicos y de conciencia del otro, uno que afianza las relaciones de concordia y justicia en base a la educación.

Si se analizan cuidadosamente los discursos favorables a la liberalización del aborto se advertirá que parecería imposible cambiar la realidad de los habitantes del país, por cuanto la única alternativa que podría ofrecer la estructura estatal sería, como paliativo, la eliminación de algunos seres humanos. Tal fue el discurso del Ministro de Salud de la Nación, quien reconoció lo dramático e indeseable del aborto pero que debido a la aparente inevitabilidad de las fuerzas que lo motivan, sostuvo que no sería posible lograr el acceso real a servicios de salud, a educación de calidad o al trabajo. En línea con ese pesimismo “oficial”, muchos legisladores y referentes sociales confesaron su resignación, asombro y estupor frente a la realidad que reconocieron no poder modificar.

¿Debemos resignarnos a que más del 30% de los argentinos vivan en la pobreza? ¿A que no puedan acceder a prestaciones mínimas de salud, a educación y trabajo? ¿Debemos acaso avalar las presiones laborales, sociales e incluso familiares a que son sometidas muchas mujeres en nuestro país? ¿Debemos aceptar que se eliminen vidas de inocentes porque no podemos darle soluciones reales a sus madres?

Existe otra mirada del asunto, implica la firme convicción de que podemos destruir definitivamente las bases inequitativas de nuestra sociedad, que podemos cambiar la realidad de esos argentinos que parecen invisibles. En materia de defensa de la vida no es posible conceder ni tampoco claudicar. Mucho menos desde las bancas del Congreso de la Nación, cualquiera de las carteras ministeriales, los tribunales o la administración de turno. Un discurso pesimista podría tolerarse de un particular, pero no de quienes tienen a su cargo el cuidado de la cosa pública.

La discusión sobre el aborto puso nuevamente de relieve una profunda crisis de representatividad, fenómeno que no es nuevo y bajo ningún concepto se lo puede asociar sólo a la discusión parlamentaria concluida. No obstante, vale la pena destacar que salvo los minoritarios partidos de izquierda que han militado históricamente por la legalización del aborto, ningún otro partido político había asumido una posición al respecto, de modo que al votarlos la ciudadanía no pretendía que se avanzara en ese sentido.

c) El tema pendiente: la protección de la maternidad vulnerable

Consecuencia de la aparente falta de relevancia política del asunto la protección de las mujeres vulnerables aún permanente como un tema pendiente.

Prueba de ello es que en términos de accesibilidad a los servicios de salud y a la cobertura de prestaciones para la maternidad vulnerable, así como en lo relativo a las Condiciones Obstétricas Neonatales Esenciales (CONE), a la regionalización del sistema de atención perinatal, a la profundización de la capacitación de los recursos humanos, las mujeres embarazadas y sus familias y al establecimiento de una red de atención especializada para la madre en situación de vulnerabilidad -para nombrar algunas de las propuestas que no recibieron tratamiento- no se ha logrado ningún avance a nivel nacional[1].

d) La ética de la imposición

Desde distintos ministerios se dio apoyo a la iniciativa de promoción de las prácticas abortivas, aunque pocos tan explícitos como la del entonces Ministro de Salud de la Nación. Del mismo modo, numerosos legisladores, referentes políticos y personajes mediáticos se expresaron en el mismo sentido. A priori, más allá de algunas inconsistencias insalvables con la función que algunos de ellos ejercen, como particulares están habilitados a asumir la posición que entendieran más apropiada. Lamentablemente, el modo en que se presentaron las posiciones dio cuenta de una fundamentación muy endeble y contradictoria.

En el ámbito del Senado, llamativamente, se escucharon muchas exposiciones favorables al proyecto afirmando que los senadores no debían expedirse y votar conforme sus convicciones personales, pues ello supondría una imposición indebida por sobre la población del país.

Aunque contrario al sentido común, lo dicho no hace más que expresar una posición creciente en el discurso público: la negación de los valores morales, asociándolos a una suerte de autoritarismo oscurantista. En definitiva, el postulado es absolutamente compatible con la medida que se discutía, pues cuando no hay valores todo vale y cuando no hay Derecho el débil queda librado a los designios del más fuerte.

e) Rechazada la ley, hecha la trampa

Finalizado el trámite parlamentario comentado y haciendo caso omiso a la voluntad popular expresada en el rechazo del Senado, la ANMAT -dependiente de la Secretaría de Salud de la Nación- aprobó la Resolución 946/2018, flexibilizando de hecho el acceso al fármaco que es promocionado para la realización de abortos y reduciendo la intervención médica exigida por la norma hasta el momento.

Mediante el citado acto administrativo la ANMAT autorizó una nueva presentación de venta del fármaco (Misoprostol) y la modificación de la condición de venta. Hasta el momento, el Misoprostol era presentado en envases de 4, 8, 20, 48 y 100 comprimidos vaginales y sólo podía expenderse bajo receta archivada para uso institucional y hospitalario exclusivo. A partir del dictado de la norma se habilitó a la producción de envases de 12 comprimidos que podrían venderse en farmacias y sólo se mantiene la exigencia de venta bajo receta archivada para uso hospitalario para los envases de 20, 48 y 100 comprimidos. Lo dicho supone, como se sostuvo, facilitar el acceso al fármaco y la inhibición de la necesaria actuación profesional, en la medida en que la monodroga podría ser utilizada sin supervisión médica.

 

  1. EDUCACIÓN SEXUAL

Otro de los temas centrales del año fue ciertamente el proyecto de ampliación de la ley de Educación Sexual Integral (ESI), coletazo de la discusión en torno al aborto.

Destaca de la problemática lo dispuesto en relación con la imposibilidad de oponer el “ideario institucional” a los contenidos propuestos, basados en consideraciones fundadas en la ideología de género.

El tema tuvo su cuota de cobertura mediática, aunque menor al que mereció el aborto, también motivó manifestaciones en diferentes provincias del país y sigue teniendo actualidad en redes sociales.

 

  1. ELEMENTOS SALIENTES

En los dos temas destacados advertimos algunos elementos comunes, a saber:

a) Avanzada sobre el individuo

Derecho a la vida

La más patente expresión de avanzada sobre el individuo es la privación del derecho a la vida. La desprotección de la persona por nacer y de las personas con discapacidad en particular en el contexto del aborto resulta evidente y creemos que no amerita demasiada profundización.

La invisibilidad de la mujer vulnerable

La falta de prueba de los delitos contra la integridad sexual, la desatención de las causas de fondo que generan violencia contra la mujer, sea en el ámbito laboral, familiar o social, las necesidades insatisfechas a nivel económico y los daños propios del prácticas abortivas, por ejemplo, confirman la desprotección de la maternidad vulnerable. En ese sentido, en la medida en que no se adoptan las medidas conducentes para resolver sus problemas, las mujeres vulnerables aún parecen invisibilizadas.

Libertad médica comprometida

Como señalamos oportunamente[2], el proyecto de liberalización del aborto suponía violentar las convicciones de los profesionales de la salud y de instituciones con una posición contraria a la práctica. Con fundamento en el lenguaje de la norma proyectada y con la propuesta incluso de sanciones de naturaleza penal para los médicos que se opusieran a las prácticas, se discutieron restricciones al instituto de la objeción de conciencia, comprometiendo la libertad religiosa, de pensamiento, de expresión, así como la libertad en el ejercicio de su profesión.

La educación de los niños

Además, los contenidos de la ESI “ampliada” poseen elementos de orden acientífico fundados en lecturas ideológicas de la sexualidad humana, sobre los que no existe consenso. Su establecimiento de modo obligatorio no pareciera apropiado para el ámbito escolar y supondría un avasallamiento de los derechos de los niños y sus familias como centro del proceso educativo. Nótese la especial vulnerabilidad de los niños en edad escolar.

Responsabilidad parental reducida

En línea con el apartado anterior, el establecimiento de contenidos obligatorios incluso para entidades educativas privadas y con orientación religiosa, obviando el ideario institucional, presenta otra forma de avanzada sobre la individualidad. En este caso, sobre los padres que habiendo optado por el ámbito educativo que entendieron más apropiado para sus hijos encontrarían cercenadas las atribuciones reconocidas por la ley de fondo.

Libertades individuales y libertad religiosa

Las restricciones propuestas en materia de objeción de conciencia institucional, así como los contenidos educativos compulsorios dan cuenta también de una avanzada sobre la individualidad institucional.

b) El individuo en el colectivo

La aparente avanzada de la autonomía personal, celebrada por los promotores de las medidas reseñadas, expresan en realidad una desprotección del individuo, como brevemente trató de destacarse precedentemente. Pero también conlleva un impacto a nivel colectivo.

Ello por cuanto no pueden concebirse relaciones de justicia cuando no se alude al “otro”. No hay justicia sin alteridad. De este modo, la avanzada sobre el individuo posee un impacto en lo colectivo estrechamente asociada a la cultura del descarte –que será abordada más adelante-, por cuanto resulta dificultoso sostener la justicia de una sociedad en la que los sujetos más débiles son material disponible, donde la educación se impone al ritmo de la ideología dominante y donde las libertades individuales y asociativas se encuentran cercenadas.

 

  1. PROSPECTIVA

 

Luce un tanto arriesgado realizar un pronóstico “bioético” en el cambiante escenario político y social argentino. No obstante, encontramos dos ejes temáticos a partir de los cuales es posible analizar retrospectivamente las tendencias en la materia en los últimos años y prospectivamente las oportunidades y desafíos a enfrentar en lo sucesivo.

a) Cultura del descarte

De la mano de la degradación del ambiente, el carácter disponible de la vida humana es cada vez más claro, evidenciado en la exclusión social, el crecimiento de la brecha entre los que acceden a bienes de lujo y los que aún no cuentan con los recursos básicos para su subsistencia, el debilitamiento de la protección de la vida humana, la apertura eugenésica y la flexibilización de los cuidados al final de la vida.

La agudización de una impronta utilitarista, materialista y tecnocrática viene favoreciendo mayor pobreza, conflicto, descarte y abandono, resentimiento y desesperación[3], así como el resurgimiento de categorías tales como “aptos” y “no aptos” y la consolidación de otras como “deseados” o “no deseados”, de la mano de una suerte de letargo colectivo que habilita al tratamiento de personas como residuos.

Es que las tendencias señaladas se convierten en cultura cuando son encarnadas por un pueblo, no se trata de ideas aisladas. Así, por ejemplo, el imponente poder diagnóstico de la medicina contemporánea no implica necesariamente la eliminación del “no apto”, sino que ésta opera cuando es aceptada como una opción por los pacientes o consumidores y promovida, cuando mediante la regulación jurídica se plantea como prerrogativa.

b) Bioética global

El concepto que titula este apartado ha sido quizás uno de los más abordados por la doctrina bioética en los últimos años y constituye uno de los temas que hoy mayores controversias genera, por lo que no podrá desarrollarse con la extensión que amerita. De todos modos, procurando una apretada síntesis bastará decir que la nota de globalidad de la Bioética ha sido entendida por los autores como referencia a:

  • El impacto globalizado de los desarrollos tecnológicos y técnicos;
  • Un marco normativo con pretensión de universalidad, al estilo de los propuestos por UNESCO;
  • o al ensanchamiento del objeto de estudio de la Bioética, tal como es propuesto por el Papa Francisco en Laudato Si.

Ahora bien, sin perjuicio de los análisis que al respecto puedan realizarse, advertimos que las tres alternativas constituyen en realidad aristas de una misma problemática. Las tres son facetas inescindibles de la Bioética del Siglo XXI.

Tal como reconocería Jonas, así como la técnica excede hoy los límites del tiempo y el espacio, la acción del hombre incide a nivel planetario y de allí que las amenazas destacadas también reclamen una respuesta ética universal. De modo que el impacto mundial de los desarrollos biotecnológicos y las regulaciones de alcance global lucen como fenómenos compatibles (y necesarios).

En esa misma línea, el ensanchamiento de la mirada bioética, agregando a la problemática bio-médica la cuestión de la “ecología humana” y la inescindible faz social de cada uno de los dilemas tradicionales, permitirá en primer lugar realizar un diagnóstico certero respecto del estado actual de la cuestión y, luego, proponer las regulaciones ético-jurídicas correspondientes.

Desde luego que existen diferencias entre las diversas corrientes de pensamiento, no se nos escapan los conflictos entre la mirada de UNESCO y la personalista en temas bien concretos como los asociados a inicio y fin de la vida, pero igualmente innegables resultan las tres facetas destacadas.

Por eso es que encontramos en la “bioética global”, aparte de una lectura semejante a la concepción primigenia de Potter, el ámbito en el que podremos embarcarnos en un diálogo con la cultura contemporánea. No se trata de ceder, sino de salir de la zona de confort que ofrece el acuerdo e intentar un efecto real en el mundo. En ese sentido, creemos que la bioética global puede entenderse como un proceso[4] y como una disputa de los que no debemos abstraernos.

  1. DESAFÍOS

 

  • En relación con el manejo de la res pública, esperamos que los poderes estatales, a todo nivel, oficialismo y oposición, se enfoquen en el tratamiento de los proyectos de ley que presentan alternativas concretas para la disminución de la mortalidad materno-infantil, la protección de la maternidad vulnerable y para mejorar los tan traumáticos procesos de adopción.
  • En relación con la cultura del descarte debe promoverse el auténtico progreso científico, puesto al servicio de la humanidad e intentar incidir en la cultura para redescubrir la dignidad de cada ser humano, en especial del vulnerable.
  • Respecto de la bioética global parece necesario rescatar el binomio razón-ciencia y asumir una actitud dialogante, de real apertura y humildad. Además, recuperar el rol prescriptivo ínsito en la Bioética, la que -como el Derecho- debe trascender la mera descripción y procurar un impacto concreto en la conducta humana. La descripción permanente “del problema” puede prevenirnos de encontrar las soluciones que anhelemos.

 

Para la ciudadanía en su conjunto el actual escenario ofrece una alternativa bien concreta, la de comprometerse con la vida del otro, la de trabajar activamente por favorecer el acceso de todos al goce de sus derechos humanos, la de trascender la mera utilización de distintivos que expresan nuestra convicciones personales y pasar a la acción. Ojalá que la toma de conciencia generalizada que parece evidenciarse respecto de las inequidades de nuestra sociedad trasciendan la declamación y reflejen un cambio verdadero. Comprometámonos con la vida y dejémoslo todo por los otros.

Informe de Leonardo Pucheta y Natalia Yachelini

[1] Aunque se trata de casos aislados, merecen reconocimiento iniciativas promovidas a nivel municipal y provincial.

[2] http://centrodebioetica.org/2018/04/pucheta-exposicion-sobre-aborto-libre-y-des-naturalizacion-de-la-medicina/

[3] http://centrodebioetica.org/2017/10/acompanar-la-vida-nuevas-responsabilidades-en-la-era-tecnologica-cronica-de-la-asamblea-general-de-la-pontificia-academia-por-la-vida/

[4] Pucheta, Leonardo L. “La pretensión de universalidad de la Bioética a la luz de la Declaración Uiversal sobre Bioética y Derechos Humanos” [en línea]. Tesis de Maestría. Universidad Católica Argentina, Facultad de Ciencias Médicas, Instituto de Bioética, 2017. Disponible en: http://bibliotecadigital.uca.edu.ar/repositorio/tesis/pretension-universalidad-bioetica-pucheta.pdf [Último acceso el 17 de noviembre de 2018].