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Los parámetros de la OMS para impartir educación sexual

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Los parámetros de la OMS para impartir educación sexual

Relativismo, falta de definiciones claves y desinterés en la prevención de enfermedades

Informe de María Inés Franck

1) Antecedentes. Hace pocos días, la Asamblea de los Obispos de la Conferencia Episcopal Española hizo públicos algunos comentarios sobre el documento de la OMS recientemente traducido al español y emitido por el Instituto de Salud Pública de Madrid, se titula “Estándares de educación sexual para Europa. Marco para las personas encargadas de formular políticas educativas, responsables y especialistas de salud”. Concretamente, los obispos españoles le reprochan el intento de promover un único modelo de instrucción en todo el continente europeo y un modelo a seguir en el campo de la educación sexual, carente por completo de criterios morales.

 

2) El enfoque general del texto de la OMS. Se trata de un texto 81 páginas, elaborado por la Organización Mundial de la Salud y el Centro Federal para la Educación de la Salud (BZgA), plagado de lenguaje ideologizado y de posiciones subjetivas asumidas como “ciencia”, “sin prejuicios” (a pesar de que está lleno de prejuicios). En el documento se promueve un determinado enfoque para la educación de la sexualidad, que se denomina “enfoque holístico”.

Este “enfoque holístico” recalca la interdisciplinariedad (p. 18) con la que debe ser abordada la educación sexual, y hace hincapié en algunas cuestiones específicas:

–          Define la sexualidad como un “área de potencial humano” (p. 7)

–          Promueve que los niños y adolescentes puedan “determinar su propia sexualidad” (p.7)

–          Parte de las “curiosidades, necesidades y experiencias de los jóvenes” (p. 13)

–          No busca “resultados conductuales” concretos (cfr. p. 20), como por ejemplo la postergación de la primera relación sexual, la reducción del número de parejas sexuales o la frecuencia de las relaciones (cfr. p. 21).

–          Está orientado al “crecimiento personal” (p. 21), dejando explícitamente de lado la resolución de problemas o la prevención (cfr. p. 21)

Desde este enfoque, además, se promueve la legalización del aborto como un método anticonceptivo más (p.13-14) y se asume una supuestamente necesaria separación entre “sexualidad y reproducción” (p.14). El informe se refiere repetidas veces y de manera acrítica a los cambios sexuales ocurridos últimamente en la adolescencia, etapa caracterizada hoy “por la creciente independencia de los padres, compromiso en las relaciones amorosas y contactos sexuales mucho antes del matrimonio y la cohabitación sin matrimonio” (p. 14).

 

3) Consideración peyorativa de las religiones. Asimismo, se pueden observar referencias negativas sobre las religiones (cfr. p. 16), las cuales serían las responsables del “atraso” en la educación sexual de muchos países de Europa (tal sería el caso de Irlanda y algunos países de Europa Central y Oriental).

Un tema vinculado con las religiones, las cuales han promovido desde hace muchos años la “Educación para el amor”; es la afirmación de que el intento de canalizar la educación sexual hacia la formación para la familia y el matrimonio, o aquellos programas que “se centran principal o exclusivamente en abstenerse de tener relaciones sexuales antes de matrimonio”, no podrían ser considerados programas de educación sexual (cfr. p. 20), ya que “que negaban el hecho de que los adolescentes gradualmente desarrollen un fuerte interés por las relaciones amorosas y, en particular, que podrían tener una vida sexual activa antes del matrimonio” (p. 16). Además, el documento asume que los programas basados en la abstinencia  “no tienen efectos positivos en el comportamiento sexual o en el riesgo de embarazo en la adolescencia” (p. 20).

 

4) El abordaje de la “sexualidad”. El documento reconoce que ha habido en la historia reciente algunos intentos de abordar el tema de la sexualidad. Sin embargo, solamente el “enfoque holístico” es el que promovería una verdadera educación de la sexualidad, entendido este término como “un aspecto central del ser humano durante toda su vida” que “comprende sexo, género, identidades y roles, orientación sexual, erotismo, placer, intimidad y reproducción”, y que “se experimenta y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, comportamientos, prácticas, roles y relaciones” (p. 23). Este concepto de “sexualidad” es opuesto al “sexo”, que sólo se referiría a las “características biológicas que definen generalmente al ser humano como varón o mujer” (p. 23).

 

5) La absolutización del placer. Otro de los elementos centrales de la propuesta para Europa es la insistencia en que la educación sexual, desde el nacimiento de los niños, debe poner el acento en el principio del placer (cfr. p. 17). Así, se “enfatiza la necesidad de un enfoque positivo [de la sexualidad], aspecto esencial del placer” (p. 24), y se recalca el hecho de que “el foco principal está en la sexualidad como un potencial humano positivo y una fuente de satisfacción y placer” (p. 26). Se destaca aquí también que “la necesidad claramente reconocida del conocimiento y las aptitudes necesarias para prevenir las infecciones sexuales pasan a un segundo plano”. Es más, se hace hincapié en “el derecho a conocer, que precede a la prevención de enfermedades” (p. 26).

En cuanto al objetivo central de la educación sexual, el documento de la OMS afirma que el mismo consiste en preparar y dar competencia “a niños, niñas y jóvenes a través de información, habilidades y valores positivos para que comprendan, disfruten de su sexualidad y de sus relaciones de manera segura y satisfactoria, responsabilizándose de su propia salud sexual y bienestar y la de otras personas” (p. 26). De esta manera, el foco principal está puesto solamente “en la sexualidad como (…) una fuente de satisfacción y placer” (p. 26).

Un aspecto notable a destacar en el texto es que se afirma que las relaciones con los otros tienden sólo a desarrollar de manera positiva la propia personalidad y autoestima (cfr. p. 28), Se afirma, por ejemplo, que “basándose en sus experiencias, las personas desarrollan el tipo de prácticas sexuales (cuando y con quien) que consideran apropiadas, que efectos y reacciones esperar y como se pueden sentir” (p. 30).

 

6) La minimización del rol de los padres. Una constante a destacar en el texto europeo es la minimización del rol de los padres, ya sea porque “no están actualizados” para hacer frente a los desafíos contemporáneos vinculados con la sexualidad, o porque “se sienten avergonzados” por estas temáticas, (cfr. p. 19) o bien “son demasiado cercanos” a sus hijos, o les faltan “los conocimientos necesarios” (p. 29). La cooperación de los padres que se requiere, es sólo a los efectos de asegurar que apoyen la educación sexual brindada en la escuela o para que se ajusten a las pautas dadas en la escuela (cfr. p. 19).

Esta minimización del rol de los padres se completa con una desconfianza generalizada al mundo de los adultos, quienes “no deberían observar los comportamientos sexuales de la infancia y de la juventud” desde la propia “perspectiva adulta” (cfr. p. 30).

 

7) La ambigüedad de las definiciones: la “salud sexual”. El texto de la OMS tiende a utilizar grandes definiciones, de las cuales es muy difícil extraer algo en concreto que pueda garantizarse en una política pública como la que se propone. Un ejemplo cabal de esta tendencia lo constituyen las explicaciones sobre el concepto de “salud sexual” que allí encontramos, citando a la propia Organización Mundial de la Salud: “es un estado de bienestar físico, emocional, mental y social con relación a la sexualidad; no es la mera ausencia de enfermedad, disfunción o incapacidad. La salud sexual necesita un acercamiento positivo y respetuoso a la sexualidad y a las relaciones sexuales, así como, la posibilidad de obtener experiencias placenteras y seguras, libre de coacción, discriminación y violencia. La salud sexual debe defender, proteger, mantener y respetar los derechos sexuales de todas las personas” (p. 24). La misma definición del término “salud” como “un potencial humano” (p. 24) se presenta como completamente inasible, dificultándose al máximo la comprensión de su significado concreto.

 

8) Abuso en la utilización del término “derechos sexuales”. A lo largo de varias de sus páginas, el texto de la OMS da por asumido el término “derechos sexuales” (cfr. p. 15, 24, 25, 28). La asunción del término “derechos sexuales”, aún no aceptado por los Estados miembros de la ONU, conlleva una definición igualmente incomprensible, al menos en algunos de sus aspectos: “se engloban dentro de los derechos humanos que ya están reconocidos en las leyes nacionales, internacionales y otros acuerdos sobre derechos humanos. Incluyen el derecho de todas las personas, libres de coacción, discriminación y violencia para: alcanzar los más altos estándares de salud sexual (…); conseguir una vida sexual satisfactoria, placentera y segura” (p. 25).

 

9) El concepto de “ciudadanía íntima” y la falta de criterios morales. Hacia el final de la primera parte, el documento introduce el concepto de “ciudadanía íntima”, que se refiere a “los derechos sexuales desde una perspectiva de las ciencias sociales”, en donde el criterio a buscar es la “negociación moral” a través de un “consenso” en “igualdad de derechos y de poder”, a fin de alcanzar una “moral sexual legítima” (cfr. p. 27). Tal como denuncian los obispos españoles, se observa una carencia absoluta de parámetros morales objetivos a la hora de educar la sexualidad de los niños.

 

10) Conclusión. Los lineamientos impulsados por la OMS en Europa, a pesar de sus propias afirmaciones, parten de de un concepto pobre de sexualidad, centrado en la consecución de la propia satisfacción y placer. A esto llama la OMS “concepción positiva de la sexualidad”. En aras de esa búsqueda frenética de placer sexual, queda pospuesta la lucha contra las enfermedades y la promoción de una sexualidad que plenifique a la persona y la ayude a amar al otro y a construir un proyecto familiar conjunto. A fin de justificar esta línea ideológica, el sistema internacional viene elaborando e imponiendo (o intentando imponer) conceptos inasibles y difíciles de definir como “salud sexual”, “derechos sexuales”, “ciudadanía íntima”, “negociación moral”, “moral sexual legítima” y otros más.

 

En contrapartida, todas aquellas instituciones que se alcen para denunciar este abuso ideológico y para promover otro tipo de educación sexual –tales como los padres y las religiones- son minimizadas, cuando no denigradas, a fin de desacreditarlas frente a la sociedad.

Resta sólo una defensa valiente de los principios morales, sin caer en falsos complejos de inferioridad, porque aquello que está en juego es central para la persona y la sociedad toda.