Eduardo Quintana

Exposición de Eduardo Quintana en la reunión informativa del 22 de mayo de 2018 sobre los proyectos de ley de legalización del aborto en debate ante las Comisiones de Legislación General, Legislación Penal, Acción Social y Salud Pública y Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia de la Cámara de Diputados de la Nación Argentina.

1.Durante mucho tiempo era un lugar común afirmar que los principios religiosos, metafísicos o éticos cuestionaban el avance de las ciencias y no aceptaban sus resultados. Paradójicamente se han invertido los términos, pues hoy en día son las ideologías  de diverso cuño las que no admiten los avances científicos que indican con precisión el inicio de la existencia del individuo humano, sosteniendo según los diversos autores,  teorías evolutivas ubicando ese momento ya sea  a los catorce días, o catorce semanas o seis meses o al nacer o cuando tiene conciencia, etc.

La contradicción y falta de apoyo empírico de estos enunciados es evidente, pues  nadie puede afirmar con seriedad que un bebé o un infante no sean humanos aunque no puedan autosustentarse por si mismos, y carecen de discernimiento respecto a la mayoría de sus actos. Asimismo, hoy día las neurociencias nos informan que la maduración completa del cerebro sucede pasado los treinta años. La ciencia demuestra empíricamente que  el embrión producto de gametos humanos lo es también desde su estado inicial. En consecuencia no es un ser humano en potencia,  sino que por el contrario,  esta cualidad lo conduce a un crecimiento que seguirá todas las fases necesarias para lograr un completo desarrollo.

2.Me he detenido en estas conclusiones de las ciencias pues el derecho lo entiendo no como un “constructo” voluntarista, sino considerando que hay una realidad que orienta sus tendencias, sus límites existenciales a la que debemos atenernos. Por tanto el embrión no es una víscera de la madre,  es un ser tan  humano como sus progenitores y distinto a ellos. Está dentro  de la madre, pero no es el cuerpo de la madre. El  sistema constitucional argentino, incluyendo tanto la legislación interna, como los tratados  internacionales  se halla firmemente asentado en las ciencias médicas, biológicas y genéticas.  Entre otras normas considero relevante  la “Convención de los Derechos del Niño”, ratificada  en octubre de 1990 por la ley 23.849 art. 2°, la que establece que “se es niño desde la concepción”. En 1994 los constituyentes  al otorgar jerarquía constitucional a  los tratados internacionales, los incorporó en las condiciones en  que se encuentran vigentes  en nuestro derecho. En consecuencia, habría que llamar a una nueva constituyente para cambiar cuando comienza la existencia humana en nuestra legislación y en el orden constitucional argentino. Todo lo que no está prohibido u obligado está permitido, por tanto la despenalización que se pretende, significa la autorización a eliminar  un ser humano no nacido. Pero el primer y mayor bien jurídicamente protegido   es el derecho a la vida sin discriminación de personas. Por tanto  suprimir tal protección, cuya  consecuencia es  la legalización del aborto,  resulta inconstitucional

3.El  trágico tema que nos convoca, involucra indisolublemente al hijo y a  su madre. El principal argumento a favor del aborto es la vulnerabilidad de muchas embarazadas, dado situaciones de inestabilidad familiar, las presiones de variado tipo, las situaciones de violencia de género, la desinformación y por sobre todos los argumentos, la situación de pobreza. Si bien en infinidad de casos este panorama es muy real, resulta inaceptable que el Estado representado en esta instancia por Uds. señores diputados, ofrezcan como solución  a una madre pobre eliminar a sus hijos mediante lo que se denomina “aborto seguro”.  Por el contrario, sobre Uds. pesa la manda  del art. 75 inc.23  de la Constitución Nacional de dictar un régimen de seguridad especial en protección del niño en situación de desamparo y de su madre desde el embarazo –dice de su “madre”, no de la “mujer”-  y el tiempo de lactancia, lo que no impide que el período en estos casos se extienda durante la minoridad, como tantas otras situaciones inclusivas que ha dado muestra el régimen social de nuestra nación. Resulta penoso  que disminuyan los índices de pobreza de nuestro país eliminando pobres. Lejos de optar por una vida en desmedro de la otra, el Estado y la sociedad o sea todos nosotros debemos hacernos cargo  de  la necesidad de toda madre del  acceso,  no al aborto, sino a la salud y a la educación propia y de sus hijos ya que  eliminándolos,  sigue tan pobre como antes y con cicatrices corpóreas y psíquicas difíciles de borrar.

4.Además la propuesta permite aborto libre a niñas desde los trece años y aún de menos edad sin exigir la presencia de los padres ni del ministerio público o de la denuncia policial, lo cual si bien para nuestra posición tampoco justificaría el aborto, habla a las claras de la irresponsabilidad del proyecto,  pues el único beneficiado de su delito sería el violador que no sólo gozará de impunidad, sino que podrá continuar su carrera de abusador y violador invisibilizado  por una ley que por sólo ese hecho cabe calificar de inicua. También causa rechazo la autorización a abortar “si existieran malformaciones graves”, pues más allá de la ambigüedad del texto, desconoce el art.16 de la Constitución Nacional que garantiza la igualdad ante la ley al  establecer una clara discriminación entre los concebidos que gozan de buena salud y los que padecen alguna patología grave, entendiendo que esta última merece la eliminación de quien la padece.  Pero a la vez es una gravísima ofensa para los que nacieron con tales limitaciones, pues el mensaje sugiere que no merecerían vivir.

5.Si bien pueden ser sólo coincidencias, este  proyecto de corte antinatalista y eugenésico, parece enmarcado en planificaciones mundiales movilizadas por países económicamente fuertes  que ven con temor el crecimiento poblacional de regiones llamadas marginales, porque ellos no quieren tener hijos.  Señores diputados, quizá impensadamente se les ha presentado una extraordinaria oportunidad histórica de legislar a favor de la protección actual y desarrollo futuro de  tantas madres y sus hijos en una nación, rica en recursos naturales, pero empobrecida tanto demográficamente, como en valores patrióticos. Esperamos que no la desaprovechen. Muchas gracias.