Aborto: Profesora de Embriología presenta evidencia sobre el inicio de la vida

Nota: Transcribimos a continuación la exposición del 3 de diciembre de 2020 de la Dra. Laura Vargas Roig ante las Comisiones de Legislación General, Legislación Penal, Mujer y Diversidad y Acción Social y Salud Pública en torno al proyecto de legalización del aborto (Expte. 11-PE-2020).

Buenas tardes. Hoy jueves 3 de diciembre, Día Internacional de las Personas con Discapacidad y Día del Médico, agradezco la oportunidad para exponer ante las Comisiones Parlamentarias que tratan el proyecto de legislación del aborto presentado por el Poder Ejecutivo.

Agradezco la oportunidad para exponer fundamentos científicos, que como tales tienen demostración experimental. Como profesora de Embriología en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Cuyo de la provincia de Mendoza tengo la obligación de aportar información basada en evidencia a mis alumnos de primer año que serán médicos. Y en este momento tengo la obligación de aportarles esa información a ustedes señores legisladores.

En el año 2018 mi exposición ante esta Cámara, se limitó a aportar los datos científicos que permiten afirmar: 1ero) que en el proceso de la fecundación se origina un ser viviente de la especie humana, 2do) que el embrión humano es un organismo y no solamente un conjunto de células y 3ero) que el término concepción biológicamente corresponde al proceso de fecundación.

Mi objetivo esta tarde es expresar con claridad que el embrión humano NO ES UN FENÓMENO, si no que el embrión humano es un nuevo ser humano en desarrollo, es decir es un nuevo individuo de la especie humana en su primera etapa de vida.

La embriología humana es la disciplina que estudia el desarrollo del ser humano durante la vida prenatal. Antes del nacimiento, el desarrollo de todo ser humano abarca dos etapas: la embrionaria y la fetal. La etapa embrionaria comprende las ocho primeras semanas de desarrollo de cualquier ser humano, mientras que la etapa fetal comprende las 30 semanas posteriores.

Es verdad que el embrión humano en su primer día de desarrollo está formado por una célula, por dos células llamadas blastómeras en el segundo día y por miles de células cuando está terminando la octava semana de desarrollo. Pero afirmar que el embrión humano es solamente un conjunto de células es una verdad a medias, o mejor dicho un error, porque la genética, la epigenética y la biología molecular nos demuestran que el embrión humano es un ORGANISMO (es decir, “un ser viviente compuesto por partes capaces de realizar ciertas funciones coordinadas” según la definición dada por el Diccionario Enciclopédico de Medicina de León Braier). Es decir, que el embrión humano está formado por células, de la misma manera que todos los presentes estamos formados por un conjunto de células que constituye un organismo llamado ser humano.

El cigoto, que es el nombre específico que recibe el embrión unicelular, no es solamente una célula viva como es una neurona, un espermatozoide o un ovocito. El cigoto ES un ORGANISMO unicelular y no reconocerlo implica una falencia en los conocimientos embriológicos.

Es fundamental marcar la diferencia entre un organismo (inclusive unicelular como el cigoto) y un conjunto de células. Un organismo es un ser autónomo que tiene la capacidad de autorregularse y en el que las células que lo conforman actúan de forma interdependiente y coordinada en función del todo. Si evaluamos en función del tiempo un conjunto de células, como por ejemplo las células de nuestra piel, observaremos que hoy, mañana y pasado siguen y seguirán siendo solamente células de la piel, mientras que, si observamos en función del tiempo a un embrión, que es un organismo, veremos que sigue desarrollándose conforme al genoma propio (que es mucho más que la suma del genoma materno y paterno) y que luego llegará a la etapa de feto, neonato, niño y adulto.

Otro aspecto que debemos aclarar es que, para poder desarrollarnos en nuestra vida prenatal, los seres humanos necesitamos que exista la placenta que es un órgano formado por tejidos maternos y embrionarios. Pero debe quedar en claro que el embrión humano no es un órgano o “casi como un órgano” de la mujer (como mencionan algunas personas alejadas de la embriología), lo cual se demuestra fácilmente haciendo un estudio genético. Tengamos presente que en la etapa embrionaria y fetal necesitamos un ambiente adecuado para desarrollarnos, de la misma manera que todos los presentes necesitamos de un ambiente adecuado para vivir y desarrollarnos. Pero es fundamental mencionar que la dependencia de la madre no anula la autonomía biológica del embrión humano como individuo. Es más, la capacidad de autorregulación del embrión humano queda demostrada de manera rotunda en el hecho de que el desarrollo de ese nuevo ser ocurre de manera similar en dos ambientes tan distintos como es la trompa uterina en una fecundación in vivo o un recipiente de plástico en una fecundación in vitro.

A nuestros alumnos de medicina les enseñamos que debemos ser honestos con nuestros pacientes y brindarles de manera clara y precisa toda la información respecto a su condición de salud o enfermedad. Si ocultamos información, los pacientes no son libres ni responsables de las decisiones que toman y somos cómplices del paternalismo médico. Debemos ser honestos con nuestros pacientes y explicarles a las mujeres gestantes que el embrión es un ser humano y no un conjunto de células. Debemos ser honestos con nuestros pacientes y mostrarles las ecografías obstétricas y dejarles oír los latidos cardíacos embrionarios o fetales para que tomen conocimiento de la realidad.

Debemos ser honestos intelectualmente como profesionales. Cuando hablamos de un embrión y de un feto humano estamos hablando de un ser humano en una etapa de máxima vulnerabilidad y como tal merece todo nuestro cuidado. Esto es lo que dice la embriología humana y es lo que nos enseñan en obstetricia: cuando atendemos a una mujer embarazada, tenemos a nuestro lado dos pacientes, la madre y la persona por nacer y nuestro deber como médicos es respetar y cuidar a los dos.