“En nuestros días, el género humano, admirado de sus propios descubrimientos y de su propio poder, se formula con frecuencia preguntas angustiosas sobre la evolución presente del mundo, sobre el puesto y la misión del hombre en el universo, sobre el sentido de sus esfuerzos individuales y colectivos, sobre el destino último de las cosas y de la humanidad”.
Gaudium et Spes, N° 3
Si bien la Bioética como disciplina aparecería años después, el Concilio Vaticano II (CV II) contenía alusiones concretas a temas que luego la integrarían[1]. Históricamente la problemática bio-ética comenzó a hacerse patente a partir de la década de ´70, aumentando el volumen de sus desarrollos doctrinarios, en su conocimiento por parte de la población en general y convirtiéndose en una disciplina transdisciplinar autónoma de indudable centralidad en los ámbitos académico, científico, artístico y político de hoy.
De la mano de su crecimiento como disciplina formal de estudio y reflexión, sus alcances y objeto también fluctúan, dificultándose en la actualidad determinar con claridad sus contornos epistemológicos. Reflejo de esa expansión es la aparición del término “bioética global”. Ciertamente un concepto que amerita profundización pero que los fines de estas breves reflexiones asociaremos a un estadio evolutivo de la disciplina.
Ya en los orígenes de la Bioética norteamericana en la década del ‘70, la globalidad era asociada por Potter a un tránsito de la bioética primigenia (clínica) y a una ampliación de sus alcances prescriptivos, a la mutación de una ética aplicada al acto biomédico individual hacia una ética “social a escala mundial”[2]. La ampliación de los contornos de la Bioética, por su aspiración universalista y por la incorporación de problemáticas sociales, ambientales o políticas -para citar algunas- a priori ajenas al ámbito de la biomedicina, refleja de unos años a esta parte un eje intenso de intercambio de posiciones, de producción doctrinaria y de discusiones locales, regionales y multilaterales.
El fenómeno de la globalización y su indudable agudización a partir del intenso proceso de evolución tecnológica contemporánea, trasparenta la existencia de tópicos dilemáticos a nivel planetario que parecen demandar soluciones de idéntico tenor, actualizando las tensiones entre las diferentes miradas particulares y las aspiraciones regulatorias globales.
En este contexto, la demanda de un fundamento para la protección de los derechos humanos, la toma de conciencia de la necesidad de repensar ámbitos eficientes de construcción de consensos multilaterales, así como de valorar los méritos de la actividad científica y de su consecuente reflexión ética, nos mueve a acudir a documentos del pasado en búsqueda de argumentos sólidos para el ejercicio de juicios bioéticos metódicamente rigurosos y adecuados conforme criterios de verdad.
En este breve boletín intentaremos rescatar argumentos que se deducen de instrumentos del CV II, en busca de elementos de juicio para posicionarnos respecto de los dilemas tecno-científicos contemporáneos.
- La dignidad humana como eje
Si bien enfocada a la cuestión de la libertad religiosa, la declaración Dignitatis Humanae inicia reconociendo que “(…) los hombres de nuestro tiempo se hacen cada vez más conscientes de la dignidad de la persona humana, y aumenta el número de aquellos que exigen que los hombres en su actuación gocen y usen del propio criterio y libertad responsables, guiados por la conciencia del deber y no movidos por la coacción”[3].
La consideración de la dignidad de la persona humana como disparador supone un marco antropológico propicio para ingresar en ponderación bio-ética per se. En primer lugar, por cuanto supone el reconocimiento de un valor particular en el individuo de la especie humana y, luego, en tanto la alusión a la libertad y a la responsabilidad, así como a la ausencia de coacción en el proceder consciente de las personas, se evidencia asociado a los principios del personalismo ontológicamente fundado y, entre otros temas, a la cuestión de la autonomía en el ámbito de la relación médico-paciente.
En esa línea, la Constitución Pastoral Gaudium et Spes (GS)[4] aporta claridad al destacar la “excelsa dignidad de la persona humana” y “(…) su superioridad sobre las cosas y de sus derechos y deberes universales e inviolables (# 26)”. El respeto de la persona humana, de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente, es vinculada -entre otros asuntos- a la condena al aborto y a la eutanasia (# 27).
Este valor particular de la persona humana es también vinculado a la dignidad del cuerpo, en tanto co-principio constitutivo de la persona humana, y a la superioridad de la persona sobre el universo material, ofreciendo pautas ciertas contra las propuestas reduccionistas que asocian al cuerpo y a la persona a material disponible y los extremos ecologistas que diluyen el contenido de la naturaleza humana (# 14).
- Diálogo con el mundo científico
GS expresa también una clara apertura al progreso científico, en la medida en que se ponga al servicio del hombre y del bien común. Esta posición supone un diálogo rico entre fe y razón.
La técnica y la ciencia, se advierte, puede aspirar indebidamente a dominar o descartar la vida, pero también constituir un instrumento para humanizarla y protegerla. De allí que se destaquen los méritos de “(…) la investigación metódica en todos los campos del saber, si está realizada de una forma auténticamente científica y conforme a las normas morales (…)” (# 36) y si contribuye al bien del individuo, de la familia y de la sociedad en general (# 44, 52).
En este punto es interesante traer a colación el decreto Apostolicam Actuositatem, sobre el apostolado de los laicos[5], en tanto -indirectamente- insta a implicarnos en la vida académica y en estructuras en las que la ponderación ética aplicada contribuya a resolver casos de modo práctico.
Afirma en ese sentido que, ante “(…) el progreso de las ciencias y de la técnica, las relaciones más estrechas entre los hombres no sólo han extendido hasta lo infinito los campos inmensos del apostolado de los laicos, en parte abiertos solamente a ellos, sino que también han suscitado nuevos problemas que exigen su cuidado y preocupación diligente” (# 1).
El diálogo intergeneracional (# 12), así como la presencia en “(…) el pensamiento y las costumbres, las leyes, y las estructuras de la comunidad en que uno vive (…) (# 13)” (las dos consignas que se relacionan con la Bioética) constituyen para los laicos una misión cierta.
La promoción del diálogo, ahora en términos generales, fue también abordada en el decreto Inter Mirifica sobre los medios de comunicación social[6], en el que se señala la necesidad de respetar “la primacía absoluta del orden moral objetivo” como criterio para compaginar “(…) congruentemente todos los demás órdenes de las relaciones humanas” (# 6).
En última instancia, el reconocimiento del fundamento transcendente del orden moral, por decantación aplicable a cada uno de las discusiones de ética aplicada, encierra una propuesta bioética universal.
- La primacía de la conciencia
Al subrayar la importancia de la libertad religiosa y la conciencia moral, Dignitatis Humanae ofrece un marco de reflexión que podría resultar de utilidad para abordar el tema de la autonomía, el consentimiento y la objeción de conciencia en el ámbito de la salud.
La relevancia de la autonomía para el ejercicio de actos médicos y/o de disposición sobre el propio cuerpo, así como la determinación de sus límites, es quizás uno de los nudos centrales en el actual escenario biotecnológico, caracterizado por cierta hipertrofia de la autodeterminación personal, el debilitamiento de criterios técnicos propios de la medicina y disciplinas afines, una preocupante tendencia a asociar el cuerpo y la vida humanas a bienes de mercado y la apertura a las consignas trans y post-humanistas.
La reivindicación de la objeción de conciencia, por su parte, luce de suma actualidad ante las diversas amenazas a la protección de la vida que son legitimadas por vía legal, violentando profundas convicciones personales e institucionales.
- Construir una comunidad humana
Entendemos que al abordar la solidaridad universal del género humano (# 1), GS anticipó una mirada compatible con la antes citada Bioética global, con repercusiones en dilemas como el acceso a recursos y prestaciones sanitarios escasas, considerados no son sólo en su dimensión técnica, sino como en su faz de justicia distributiva.
La vocación global de la propuesta del CV II se expresa en “(…) la convicción de que el género humano puede y debe no sólo perfeccionar su dominio sobre las cosas creadas, sino que le corresponde además establecer un orden político, económico y social que esté más al servicio del hombre y permita a cada uno y a cada grupo afirmar y cultivar su propia dignidad” (# 9).
El llamado a conformar una “comunidad humana”, anclada en la consideración de la naturaleza social del ser humano, sugiere la construcción de un ámbito propicio para su desarrollo individual y para el crecimiento de la sociedad como procesos mutuamente condicionados (# 25). La búsqueda del bien común, entendido como “(…) conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección” (# 26), la promoción de la dignidad de la familia (# 47 y ss) y la conservación de la vida humana, se relaciona directamente con gran parte de los tópicos de estudio de la bioética actual.
El carácter colectivo de esta construcción, de la edificación del mundo (#94) -tanto dentro de las fronteras de cada nación como en la comunidad internacional- exige la superación de enfoques éticos individualistas (# 30) y el aumento del diálogo entre todos los hombres (#93).
Ideas de cierre
Si bien la riqueza de los instrumentos brevemente aludidos demanda mayor y más particular desarrollo, este breve repaso nos permite encontrar en aquellos una visión integral del ser humano y pautas relativas a su relación con el mundo, cuestiones que poseen incidencia directa en el plano de las discusiones bioéticas actuales.
Tal como se anunciaba en GS # 4, “el género humano se halla en un período nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y acelerados, que progresivamente se extienden al universo entero”. Esos cambios, generados por la inteligencia humana, “(…) recaen luego sobre el hombre, sobre sus juicios y deseos individuales y colectivos, sobre sus modos de pensar y sobre su comportamiento para con las realidades y los hombres con quienes convive”.
El rápido dinamismo de los constructos humanos exige nuevos análisis y nuevas síntesis. Por ello, el aprovechamiento de la sabiduría contenida en estos instrumentos parece prudente ante la complejidad de nuestra disciplina. La universalidad de aquella, de hecho, ofrece un marco adecuado para que el contenido de la bioética sea, en efecto, global.
En un mundo globalizado y de fronteras difusas, de dilemas que a veces quedan contenidos en contextos geográficos determinados y, otras se constatan de modo uniforme en todo el planeta, en un escenario en el que se funden tópicos clásicos con otros novedosos, en el que los planteos éticos clásicos son reconfigurados por las crecientes potencialidades tecnológicas, se requiere una reflexión revitalizada y profunda.
Por todo lo dicho, creemos que es fundamental redescubrir la riqueza del concilio como acontecimiento histórico y como propuesta programática.
Nota de Leonardo Pucheta
[1] En Gaudium Et Spes # 27 se señaló: “(…) Cuanto atenta contra la vida -homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado-; cuanto viola la integridad de la persona humana, como, por ejemplo, las mutilaciones, las torturas morales o físicas, los conatos sistemáticos para dominar la mente ajena; cuanto ofende a la dignidad humana, como son las condiciones infrahumanas de vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; o las condiciones laborales degradantes, que reducen al operario al rango de mero instrumento de lucro, sin respeto a la libertad y a la responsabilidad de la persona humana: todas estas prácticas y otras parecidas son en sí mismas infamantes, degradan la civilización humana, deshonran más a sus autores que a sus víctimas (…)”. En GS # 51, por su parte, se afirmó que “(…) la vida desde su concepción ha de ser salvaguardada con el máximo cuidado” y que “el aborto y el infanticidio son crímenes abominables”.
[2] Francisco León, “Bioética: Entre la universalidad y la interculturalidad. Los desafíos éticos de la globalización” [En línea], Disponible en: <http://www.medicinayhumanidades.cl/ediciones/n22009/06_Bioetica.pdf-> [Último acceso el 15 de enero de 2026].
[3] Declaración Dignitatis Humanae sobre la libertad religiosa. Disponible en línea en: https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decl_19651207_dignitatis-humanae_sp.html [Último acceso el 15 de enero de 2026].
[4] Constitución Pastoral Gaudium et Spes
sobre la iglesia en el mundo actual. Disponible en línea en: https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html [Último acceso el 15 de enero de 2026].
[5] Decreto Apostolicam Actuositatem sobre el apostolado de los laicos, disponible en línea en: https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html [Último acceso el 15 de enero de 2026].
[6] Decreto Inter Mirifica sobre los medios de comunicación social. Disponible en línea en: https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19631204_inter-mirifica_sp.html [Último acceso el 15 de enero 2026].