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Centro de Bioética, Persona y Familia

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Declaración de la Comisión Episcopal para la Pastoral de la Salud de Argentina sobre la eutanasia

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“Cuidar la vida, aliviar el sufrimiento del enfermo terminal” es el título de la Declaración emitida por la Comisión Episcopal para la Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal Argentina el pasado 15 de agosto de 2026. A continuación, transcribimos el texto completo del documento:

Comisión Episcopal para la Pastoral de la Salud

CUIDAR LA VIDA, ALIVIAR EL SUFRIMIENTO DEL EFERMO TERMINAL

Luego de haber reflexionado en el último Encuentro Nacional de Pastoral de la Salud sobre el final de la vida, como pastores acercamos el siguiente llamado a la reflexión y a la oración a todo el pueblo de Dios y a la comunidad argentina.

Desde la mirada de la fe, contemplamos la vida humana como un don inestimable recibido de Dios, el cual estamos llamados a acoger, custodiar y amar con profundo aprecio en todas sus etapas. Frente a los desafíos actuales, renovamos esta visión esperanzadora: la vida debe ser cuidada siempre, pues el verdadero sentido de nuestro caminar estriba en reconocer su valor sagrado y en acompañar con ternura y gratitud la fragilidad humana hasta su desenlace natural.

Observamos con honda preocupación que en el ámbito legislativo se están llevando adelante presentaciones de proyectos de ley que buscan considerar la legalización de la eutanasia en nuestro país. Aunque aún no se ha llegado a la sanción de ninguna norma que autorice prácticas eutanásicas, creemos imprescindible advertir con claridad sobre el riesgo que implica considerar la eliminación de la vida humana como una solución al dolor o al sufrimiento. La verdadera respuesta ante el sufrimiento no es provocar la muerte, sino brindar cuidado, presencia y alivio integral.

Instamos a que se afiance la aplicación efectiva de la Ley Nacional de Cuidados Paliativos (N. 27.678. Sancionada el 5/7/2022. Promulgada por Decreto 417/2022. Reglamentada a nivel nacional por Decreto 311/2023) en todo el territorio argentino como camino humano al final de la vida. La sociedad y el Estado deben priorizar el acceso equitativo a la medicina paliativa, al control del dolor y al acompañamiento interdisciplinario para los enfermos en etapa terminal. Nunca será moralmente lícito intentar eliminar el sufrimiento eliminando al sufriente.

Como Iglesia, reafirmamos que la persona que atraviesa un dolor existencial extremo o una enfermedad terminal se encuentra en una situación de gran vulnerabilidad, donde su libertad suele verse condicionada por el sufrimiento.

Por ello, seguimos comprometidos en la formación de los agentes de pastoral de la salud, laicos y de toda persona interesada en conocer y promover la medicina paliativa, edificando la cultura de la vida a través del acompañamiento compasivo y la escucha atenta a los ancianos, enfermos terminales y a sus familias para erradicar la cultura del descarte que de modo explícito o solapado siempre se opone a la dignidad humana.

De esta manera, proponemos e invitamos a todas las diócesis, parroquias, movimientos y comunidades a que, a partir del próximo mes, fortalezcan y multipliquen los gestos concretos de cercanía y acompañamiento a los enfermos terminales. Deseamos que esta presencia reconfortante se haga visible tanto en los hogares como en las diversas instituciones — hospitales, hogares, asilos, y servicios de oncología y cuidados paliativos—, pidiendo a Dios la sabiduría para nuestros legisladores, el alivio para los padecimientos de los enfermos y la fortaleza para cuidar y valorar toda vida.

(Salmo 71, 5.9.17-18)

Porque tú, Señor, eres mi esperanza,

mi confianza, Señor, desde mi juventud.

No me rechaces en el tiempo de la vejez,

no me abandones cuando mis fuerzas se agoten.

Dios mío, me enseñaste desde mi juventud,

y hasta hoy he anunciado tus maravillas.

Ahora que soy anciano y peino canas,

no me abandones, Dios mío,

hasta que anuncie tu poder a la presente generación,

y tus proezas a los que han de venir. Amén.

Firmado: Mons. Luis Urbanc (Presidente), Luis Armando Collazuol, Oscar E. Miñarro y Jorge Luis Wagner.

Fuente: https://episcopado.org/ver/4956