Fin de la vida: tendencias confluyentes

«La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Éstos se conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser el último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso. Entre los Inmortales, en cambio, cada acto (y cada pensamiento) es el eco de otros que en el pasado lo antecedieron, sin principio visible, o el fiel presagio de otros que en el futuro lo repetirán hasta el vértigo. No hay cosa que no esté como perdida entre infatigables espejos. Nada puede ocurrir una sola vez, nada es preciosamente precario. Lo elegíaco, lo grave, lo ceremonial, no rigen para los Inmortales».

J. L. Borges, El inmortal.

Los dilemas vinculados con el fin de la vida de la persona humana ocupan un lugar entre los tópicos de ética médica que podríamos definir como clásicos, pues continúan vigentes y reclaman posicionamientos concretos de parte del derecho.

Motiva estas breves reflexiones la toma de conciencia de dos tendencias que parecen contradecirse en relación con el fin de la existencia de la persona humana, pero que, sin embargo, poseen puntos de contacto desde la perspectiva del personalismo ontológicamente fundado.

ACELERAR EL PROCESO DE MUERTE

La primera tendencia que merece la pena destacar es la evidenciada en los intentos por liberalizar las prácticas eutanásicas y de asistencia al suicidio.

Si bien los Estados que han legislado en ese sentido son aún minoritarios, de la mano de la flexibilización de los presupuestos del rechazo de tratamientos y las directivas anticipadas, se afianza una cultura que rechaza la enfermedad, expresión de la negación de los límites de la naturaleza humana y de la asimilación de la salud y la vida a bienes disponibles.

La aceleración del proceso de muerte es presentada por sus defensores como una suerte de liberación, un modo de librarse del “peso insoportable” de la enfermedad o el sufrimiento en sentido abstracto (padecimientos físicos, intelectuales, existenciales, etc.).

POSTERGAR EL PROCESO DE MUERTE

En el polo opuesto, están quienes plantean la prolongación indefinida de la vida. En este caso, es el carácter mortal el que expresa la aparente imperfección humana, su finitud.

Es así que, motivados por la tecnología disponible y la previsiblemente disponible en el corto plazo, los promotores del transhumanismo y el posthumanismo instan a la inmortalidad como una cualidad deseable y moralmente obligatoria.

“Para muchos la extensión radical de la vida representa una oportunidad maravillosa para experimentar, aprender y lograr muchas cosas que simplemente no son posibles dada la expectativa de vida humana actual. Otros, sin embargo, creen que un aumento espectacular de la esperanza de vida privaría a la vida de sentido y exacerbaría los problemas sociales existentes asociados con el envejecimiento de la población”[1] [la traducción nos pertenece].

Bostrom, uno de los autores más influyentes de tal corriente de pensamiento, cuestiona a quienes se oponen a la prolongación de la vida [prolongevity] sin ofrecer, a su juicio, explicaciones convincentes de por qué es éticamente aceptable que la sociedad gaste grandes cantidades de dinero en la investigación y curación de determinadas enfermedades asociadas a la vejez, en un esfuerzo por extender la vida sana a las personas en los países ricos y, sin embargo, inaceptable realizar investigaciones en la biología del envejecimiento con el fin de desarrollar intervenciones más efectivas para lograr el mismo objetivo[2].

Para el autor, la muerte (y la enfermedad) es concebida como un mal y la vida eterna (y saludable) como el objetivo a perseguir.

TENDENCIAS CONFLUYENTES

Esta breve mención a las dos tendencias señaladas, vale decir, el acortamiento y la postergación del proceso de la muerte, se destaca por cuanto si bien persiguen objetivos radicalmente opuestos, parten de similares presupuestos antropológicos y poseen similares repercusiones en el plano ético y jurídico.

En la interpretación de la enfermedad y la muerte como expresiones de la imperfección humana y ésta como atributo prescindible que debe ser superado, se advierte un rechazo cabal de los límites de la naturaleza específica de la persona humana.

La negación de la esencia humana como algo dado en favor de una naturaleza construida de modo netamente cultural y subjetivo, implica –de fondo– la negación de la persona humana en su real dimensión.

En vez de reconocer la dignidad ontológica del ser humano, su cuerpo, su salud y su vida, y a la enfermedad, la muerte y los límites como accidentes inherentes a la naturaleza humana, tanto trans y post-humanos como promotores de la eutanasia sugieren la consagración de una dignidad meramente funcional, operativa. Según éstos, el cuerpo, la salud y la vida misma son evaluados como bienes disponibles y operables, librados a una voluntad ilimitada. Una autonomía que agrede al autónomo.

En contraste con tales tendencias es menester reconocer que la persona humana es perfecta tal como es, con sus accidentes. La persona humana es siempre digna, perfecta, sin importar su nivel de desarrollo, la presencia o ausencia de patología, en estado de perfecto uso de sus potencias o imposibilitada de ponerlas en acto, en estadio de bienestar, de grave sufrimiento y también en fase de terminalidad.

DESAFÍOS

En el contexto contemporáneo, signado por la mutación paradigmática de la relación médico-paciente, la exacerbación de la autonomía de la voluntad, la relativización del valor de la vida y del cuerpo y la consolidación de criterios utilitaristas y funcionalistas, la defensa de la persona humana luce como un imperativo.

Ello implica, entre otras cuestiones, redescubrir el sentido del sufrimiento humano, la adecuada ponderación del dolor, las dificultades y los límites, volver sobre los fines de la medicina, promover el acceso a la medicina paliativa y el cuidado de la salud individual y colectiva como elementos de bien común.

Informe de Leonardo Pucheta


[1] Nick Bostrom y Rebeca Roache. Ethical Issues in Human Enhancement. Disponible en línea en: https://nickbostrom.com/ethics/human-enhancement.pdf [Último acceso el 23/11/2021].

[2] Nick Bostrom. Recent Developments in the Ethics, Science, and Politics of Life-Extension. Disponible en línea en https://www.nickbostrom.com/ethics/life-extension.html [Último acceso el 23/11/2021].