Posthumanismo y extinción del ser humano

El tema del Trans (TH) y el Posthumanismo (PH) ciertamente comienza a delinearse como uno de los tópicos centrales del actual escenario bioético global, fenómeno que se evidencia en la gran cantidad de trabajos publicados al respecto.

En este breve boletín referiremos a un trabajo de Jon Rueda[1], profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad de Granada, quien presenta reflexiones interesantes que dan cuenta de uno de los posibles efectos de algunas de las biotecnologías de las que el TH y el PH proponen para el cumplimiento de sus objetivos.

Planteo de la cuestión

¿Implica el postulado bio-mejoralista[2] del TH y PH un riesgo existencial para el homo sapiens? ¿Existe un riesgo cierto de extinción del homo sapiens asociado a las tecnologías de biomejoramiento?

El asunto de la extinción del homo sapiens en efecto no es novedoso, autores como Nick Bostrom han abordado diferentes escenarios en los que determinadas herramientas tecnológicas podría eventualmente suscitar la desaparición definitiva del ser humano como lo conocemos[3].

En el trabajo comentado se aborda un supuesto específico y se afirma que la biomejora del ser humano en efecto podría desencadenar en su extinción, en línea con la teoría de la evolución, la que se apoya en la convicción de que las especies cambian, evolucionan y en algún punto, eventualmente, desaparecen. A partir de allí Rueda explica que el impacto acumulativo de las tecnologías de mejora, específicamente las de mejora genética, podría conducir a una alteración definitiva de la especie humana.

¿Es posible crear un post-humano?

Para contestar el interrogante el autor señala en primer término que el homo sapiens es vulnerable a la dinámica de la evolución biológica, la que podría verse acelerada por la utilización de tecnologías disponibles y aclara que a los fines de su trabajo replica la acepción transhumanista de los términos “especie”, entendido como sustancia moldeable tecnológicamente y “evolución”, como estadio existencial superador de las limitaciones naturales del ser humano. En este contexto, el transhumano es propuesto como instancia superadora de las limitaciones del humano pero aún no radicalmente diverso de éste. El postuhumano, en cambio, es señalado como una entidad absolutamente independiente del humano, sustancialmente diferente.

El medio vislumbrado para la consecución de la evolución posthumanista es el amplio cúmulo de herramientas biotecnológicas disponibles, entre las cuales las herramientas emergentes de ingeniería y edición genética asociadas a CRISPR-Cas 9 permitirían la eliminación de genes específicos no deseados y su reemplazo por otros deseados. Aún más radical sería el impacto del uso de semejantes herramientas en la edición de células de línea germinal, lo que permitiría introducir cambios hereditarios en el individuo intervenido y en toda su decendencia.

Rueda señala que ello podría conducir a la introducción potencial de cambios radicales en la constitución genética humana y a largo plazo, a una diferenciación genética tal que permita el reconocimiento de una especie post-humana específica.

¿Debe crearse un post-humano?

Teóricamente es posible, ahora bien, ¿es éticamente aconsejable?

Las bio-mejoras son presentadas por los autores del TH y el PH como deseables, en tanto implicarían ventajas concretas para los individuos mejorados. Tal sería el beneficio individual que algunos incluso postulan el deber de mejoramiento[4]. Lógicamente, del beneficio individual se deduciría, entonces, el imperativo de mejora a nivel colectivo.

En el imperativo bio-mejoralista se advierte una impronta de beneficencia que pareciera conducir necesariamente a la conveniencia de arribar al estadio de posthumanidad en el que valores humanos positivamente ponderados (inteligencia, control emocional, longevidad, creativida, fuerza física, etc.) se evidenciarían por niveles muy superiores a los naturalmente asequibles por los individuos de la especie humana. 

En este punto Rueda hace una distinción importante entre la posición transhumanista, con un claro acento evolucionista y la de aquellos que desde una perspectiva no-transhumanista promueve la bio-mejora:

“Un transhumanista puede apoyar la mejora humana debido a sus beneficios y porque es el medio necesario para la consecución de especies superiores, o simplemente porque es un paso causal requerido hacia la existencia transhumana o posthumana. Un no-transhumanista favorable a la mejora, sin embargo, puede abogar por mejoras en función de los beneficios directos para los individuos y las poblaciones, pero independientemente de si son o no necesarios para lograr un etapa evolutiva posthumana” [La traducción nos pertenece].

Para los últimos, la creación de una especie nueva podría constituir un efecto secundario de la bio-mejora pero bajo ningún concepto constituye el fin último, de modo que lo que torna deseable al potenciamiento de las capacidades humanas son las ventajas que implicarían a nivel individual y/o colectivo. Para éstos, la aparición del post-humano y la eventual erradicación del ser humano podría contemplarse desde el lente de una especie de “acción de doble efecto”, como un efecto secundario no deseado.

Con conciencia de ello, autores más moderados como el australiano Nicholas Agar rechazan el bio-mejoramiento radical, de algún modo procurando preservar a la especie y la experiencia humana.

En definitiva, para la ponderación ética de las tecnologías de bio-potenciamiento -coincidimos con el autor- deben contemplarse necesariamente sus efectos a largo plazo, consideración que ciertamente luce problemática con la valoración del doble efecto referida y quizás subestimada por los promotores de la “mejora no transhumanista”.

El Principio del Mejor Interés de la Posthumanidad y auto-extinción

El autor presenta el Principio del Mejor Interés de la Posthumanidad (PMIP) como el ”(…) deber moral de orientar la mejora de la especie humana y transhumana hacia la creación de una existencia posthumana sustancialmente más valiosa que sus predecesoras” [La traducción nos pertenece] y señala que la extinción (auto-extinción) humana puede ser considerada, a partir del PMIP, como uno de los mejores intereses de la poshumanidad.

Tomando de referencia al utilitarismo, del cual puede deducirse el auto-sacrificio como vehículo para la obtención de los resultados deseados, la biomejora podría constituir un medio para acelerar la autoextinción humana y para crear una especie posthumana. Desde esa perspectiva, la eliminación de una especie se ordenaría a un fin ulterior: la aparición de otra superior.

Frente a ello, Rueda presenta tres objeciones que tornan al PMIP poco atractivo y que muestran que seguir un programa completo de evolución posthumana es éticamente inaceptable.

  1. Objeción de reemplazo: La aparición del tranhumano y la desaparición del ser humano no se constataría como un momento singular de la historia, sino como fenómenos graduales que no serían irrelevantes en término morales.

Los posibles efectos sociales de semejante transición supondrían la creación de nuevos estamentos jerárquicos y posibles inequidades que contribuirían a relaciones sociales conflictivas, entre las que se prevén las dificultades para el acceso a las tecnologías en sí mismas.

¿Será la relación entre seres humanos y post-humanos pacífica? ¿Se pondrán de manifiesto tensiones y relaciones de subordinación?

  • La objeción de justicia: El equilibrio entre cargas y beneficios podría inclinarse a favor de la poshumanidad desde una posición netamente utilitarista que enfatiza solo la agregación total de utilidades, en desmedro de una justa distribución entre las partes y no favoreciendo a los menos favorecidos.

¿De qué modo podrían competir en el mercado laboral seres humanos “limitados” en sus capacidades físicas e intelectuales con post-humanos biopotenciados, mejorados más allá de los límites naturales del cuerpo y la mente? 

El argumento es presentado por el autor como una confirmación de la inconveniencia de la evolución posthumana y se asocia a la preocupación por la justicia intergeneracional y la equitativa distribución de cargas y beneficios.

  • Objeción de “alineación” o “ajuste”: Esta observación consiste en el reconocimiento de una suerte de “localía ética”, según la cual en un contexto de transición evolutiva la especie dominante podría imponer -entre otras condiciones- ponderaciones axiológicas ajenas a las de las especies menos evolucionadas.

Si la ponderación ética muta con el tiempo es previsible que lo que sea valorado positivamente por el post-humano difiera de lo que es valioso hoy para el ser humano. En una eventual transición entre una civilización y la otra podrían suscitarse cambios axiológicos conflictivos.

Las mejoras radicales que los humanos contemporáneos podrían valorar para los futuros posthumanos podrían no corresponder a los intereses reales de los futuros posthumanos.

La objeción de alineación se basa en un llamado preventivo a considerar el deber de beneficencia hacia los seres posthumanos y su bienestar y, simultáneamente, a los de los seres humanos.

Algunas ideas de cierre

“Are we [humans] good enough?”[5]

Bostrom enseña que científicos, neurocientíficos, nanotecnólogos e investigadores a la vanguardia del desarrollo tecnológico han comenzado a darle forma a un nuevo paradigma para pensar en el futuro de la humanidad[6], [7] y para mejorar el funcionamiento de la sociedad[8], según el cual la especie humana en su forma actual no representa el final de su desarrollo evolutivo[9].

Los promotores de este nuevo enfoque parten del rechazo de la “condición humana” como constante inmutable, pues advierten que si realidades como la riqueza puede incrementarse y redistribuirse, las herramientas pueden desarrollarse y perfeccionarse y la cultura puede cambiar -a veces drásticamente-, la naturaleza humana no debe percibirse como una circunstancia extraña a posibles mutaciones.

La propuesta de los transhumanistas implica la generalización del uso de todas las herramientas biotecnológicas disponibles para mejorar diversas dimensiones de su bienestar cognitivo, emocional y físico. No se trata del uso de aplicaciones para alcanzar los objetivos tradicionales de la medicina y la tecnología, sino de trascenderlos con miras a mejorar radicalmente la naturaleza humana[10].

¿Representa el “futuro posthumano” un progreso en relación con el “presente humano”? El interrogante subyace en gran parte del trabajo comentado.

¿Es compatible la co-existencia de humanos y post-humanos? ¿Cómo compatibilizarlos sin generar distinciones en términos de acceso al trabajo o a las bio-tecnologías?

¿Estas reflexiones sobre la extinción de la vida humana son pura ciencia ficción o hay proyectos concretos que los impulsan? ¿No son tales proyectos funcionales a una cierta cultura del descarte que termina depreciando a la persona humana?

La consigna del TH y el PH encierra riesgos ciertos para el futuro de la humanidad, ciertos en atención a los resultados lógicos que se deducen de sus propuestas y también por la relevancia que comienzan a tener en importantes centros de pensamiento y formación a nivel planetario.

Como se dijo, para una valoración bioética apropiada no pueden soslayarse los efectos a largo plazo de las biotecnologías disponibles o previsiblemente disponibles en el futuro. En ese sentido, para prevenir en vez de curar, habrá de prestarse atención a los efectos de la cultura contemporánea, con una base gnoseológica, antropológica y ética determinada, en orden a descubrir su permeabilidad a la propuesta transhumanista.

Informe de Leonardo Pucheta


[1] Rueda, Jon (2022). Genetic enhancement, human extinction, and the best interests of posthumanity. Bioethics, 1–10. Disponibl en línea en https://doi.org/10.1111/bioe.13085 [Último acceso el 01/11/2022].

[2] En el presente boletín los conceptos mejora, bio-mejora, así como potenciamiento y bio-potenciamiento son presentados como sinónimos.

[3] Nick Bostrom, Existential Risks. Analyzing Human Extinction Scenarios and Related Hazards. Journal of Evolution and Technology, Vol. 9, March 2002. Disponible en linea en https://nickbostrom.com/existential/risks.pdf [Último acceso el 26/10/2022].

[4] Savulescu, por ejemplo, funda en el “principio de beneficencia procreativa” el deber moral de los padres de concebir a los “mejores hijos posibles”.

[5] Nick Bostrom y Julian Savulescu. Human Enhancement Ethics: The State of the Debate. Op. Cit.

[6] Nick Bostrom. The Future Of Human Evolution. Disponible en línea en https://www.nickbostrom.com/fut/evolution.html [Último acceso el 17 de agosto de 2020].

[7] Nick Bostrom. The Future of Humanity. Geopolitics, History, and International Relations, Vol. 1, No. 2 (2009): 41-78. Disponible en línea en: https://www.nickbostrom.com/papers/future.pdf [Último acceso el 19 de septiembre de 2020].

[8] Nick Bostrom. What Is Transhumanism? Disponible en línea en https://www.nickbostrom.com/old/transhumanism.html [Último acceso el 20 de septiembre de 2020].

[9] Nick Bostrom. The Transhumanist FAQ. A general introduction. Disponible en línea en https://www.nickbostrom.com/views/transhumanist.pdf [Último acceso el 20 de septiembre de 2020].

[10] Nick Bostrom. Transhumanism: The World’s Most Dangerous Idea? Disponible en línea en: www.nickbostrom.com [Último acceso el 19 de septiembre de 2020].