Dilemas bioéticos al final de la vida

¿Qué es morir dignamente?

Hoy en día, una de las cuestiones esenciales más debatidas en el ámbito bioético, médico y legal consiste en reconocer qué significa una muerte digna. Esta realidad hace referencia a distintos aspectos. Por un lado, es permitir que la muerte natural llegue en enfermedades incurables y terminales, tratándolas con los máximos tratamientos paliativos para evitar sufrimientos innecesarios, recurriendo a medidas razonables. Significa no adelantar la muerte con una acción médica intencional, sino acompañar al enfermo terminal, considerando su vida -aunque dependiente y sufriente- siempre digna.

Es aliviar el dolor con todos los medios disponibles y favorecer el bienestar. También consiste en ofrecer asistencia psicológica y espiritual para satisfacer el derecho de aceptar el proceso de muerte, no abandonando nunca al paciente, sabiendo acompañarle a morir cuando no podemos curarle.

De este modo, el morir dignamente significa considerar diversos aspectos bioéticos que se hacen presente en el final de la vida. Esto implica la necesidad de desarrollar una mirada integral que pueda dar respuesta también desde la Bioética a las problemáticas que surgen al final de la vida, algunas de las cuales son:

  • El sentido del sufrimiento
  • La dignidad de la vida y de la muerte
  • El consentimiento informado
  • Las directivas de vida anticipadas
  • La adecuación del esfuerzo terapéutico
  • La eutanasia
  • La transmisión de la verdad
  • La sedación paliativa

La adecuación del esfuerzo terapéutico

Esta conducta médica supone la decisión de detener o no iniciar medidas terapéuticas porque en el estado actual del enfermo son fútiles.

Esta decisión incluye tres elementos: el tipo de acción que se realiza -detener o no iniciar un tratamiento-, lo que se limita –hace referencia a las medidas terapéuticas concretas- y el motivo por el que se hace -porque resultan inútiles o fútiles-.

Para evaluar si un tratamiento es razonable, es necesario realizar un juicio prudencial basado en el concepto de proporcionalidad terapéutica y el principio de autonomía, ambos enmarcados dentro de la relación médico-paciente.

En base a esto, se puede establecer cuándo conviene suspender un tratamiento: en primer lugar, cuando se trata de un tratamiento que resulta muy gravoso para el paciente, por ejemplo, por los efectos secundarios que le reporta; o por ser un tratamiento que, en definitiva, prolongaría la agonía del enfermo. Para tomar este tipo de decisiones es importante tener una mirada integral del paciente y tomar la decisión de modo conjunto.

Sedación paliativa

Otro de los dilemas bioéticos consiste en la correcta aplicación de la sedación paliativa. Esta consiste en la administración deliberada de fármacos para lograr el alivio de síntomas refractarios, mediante la disminución de la conciencia, en un paciente cuya muerte se prevé muy próxima, con el consentimiento explícito, implícito o delegado del mismo: se cumple así el PRINCIPIO DE PORPORCIONALIDAD.

Desde el punto de vista ético, también se debe cumplir el PRINCIPIO DEL DOBLE EFECTO. Es muy importante evaluar la intencionalidad en el objetivo que se busca, pues lo que prima es aliviar el síntoma refractario. Por el contrario, la intencionalidad terapéutica NO buscada consiste en reducir el estado de conciencia. Un último aspecto implica que el nivel de sedación debe ser proporcional a la respuesta buscada, es decir, logar el alivio sintomático (se debe mantener el mínimo nivel de sedación que permita el control del síntoma).

La muerte medicalizada: eutanasia y suicidio asistido

En este punto es interesante establecer las diferencias que existen entre la sedación paliativa, la eutanasia y el suicidio asistido, ya que constituyen realidades muy diferentes desde un punto de vista bioético.

La intencionalidad en la sedación paliativa consiste en aliviar el sufrimiento provocado por síntomas refractarios. El proceso implica la prescripción de fármacos ajustados a la respuesta del paciente, y el resultado consiste en el alivio del sufrimiento por medio de la reducción del nivel de conciencia del enfermo.

Por el contrario, tanto en la eutanasia como en el suicidio asistido, la intención radica en aliviar el sufrimiento provocando la muerte mediante la aplicación de fármacos en dosis letales, siendo el resultado la muerte de la persona.

Por lo tanto, podemos afirmar que matar o ayudar a matarse no es lo mismo éticamente que dejar morir cuando no hay terapia y la situación es irreversible. Las acciones u omisiones que tienen como objeto provocar la muerte, aunque sean pedidas por el propio paciente, siempre constituyen graves atentados contra el principio de respeto a la inviolabilidad de la vida. 

De hecho, la limitación del esfuerzo terapéutico mencionada previamente (es decir, la suspensión de un tratamiento cualificado por el equipo médico como fútil o desproporcionado, o la retirada de un soporte vital en situaciones de enfermedad terminal, irreversible, que no tiene expectativa terapéutica) no supone eutanasia, sino que se trata de una acción correcta, acorde a la dignidad de la persona humana.

Recordemos que todo ser humano posee una dignidad intrínseca e inviolable, no susceptible de gradaciones, universal e independiente de la edad, salud o autonomía. Esa dignidad confiere el derecho irrenunciable a la vida y es deber del Estado protegerla, incluso cuando la persona pueda no valorarla.

Los Cuidados Paliativos

Los cuidados paliativos constituyen actualmente un derecho adquirido para todas las personas, y, sin embargo, es una realidad poco conocida por muchos.

La Organización Mundial de la Salud establece que: “los cuidados paliativos constituyen un planteamiento que mejora la calidad de vida de los pacientes (adultos y niños) y sus allegados cuando afrontan problemas inherentes a una enfermedad potencialmente mortal. Previenen y alivian el sufrimiento a través de la identificación temprana, la evaluación y el tratamiento correctos del dolor y otros problemas, sean estos de orden físico, psicosocial o espiritual” (https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/palliative-care).

Por eso mismo, los cuidados paliativos suponen un abordaje holístico de las personas que presentan un sufrimiento relacionado con una enfermedad grave. Su objetivo es mejorar la calidad de vida de los pacientes, sus familias y sus cuidadores. En este sentido, constituyen una modalidad de atención interdisciplinar.

Uno de los principales síntomas presentes en las enfermedades avanzadas es el dolor que puede ser devastador y alterar la calidad de vida del paciente y de su entorno. De hecho, se ha desarrollado el concepto de dolor total para identificar aquel que abarca distintos componentes: no sólo el físico, sino también el social, espiritual y psicológico. Todo esto produce un gran nivel de sufrimiento, que también debe ser abarcado por los cuidados paliativos.

La Bioética Personalista va de la mano de los Cuidados Paliativos como derecho para la atención de todos los enfermos que transitan el último tramo de su vida, ya que favorecen el cuidado holístico de la persona y su entorno, dando respuestas acordes a su dignidad personal.

Nota: Pilar de Antueno es médica paliativista y Magister en Ética Biomédica