In memoriam: Francesco D’Agostino, pionero del bioderecho

El 3 de mayo de 2022 falleció el jurista italiano Francesco D’Agostino, profesor de la Universidad de Roma “Tor Vergata” y destacado pionero del pensamiento católico en el ámbito del bioderecho.

Licenciado en Derecho y Filosofía, D’Agostino era profesor titular desde 1980 y emérito de Filosofía del Derecho en la citada Universidad. Además, dio clases en la Pontificia Universidad Lateranense y en diversas universidades del mundo. Fue uno de los fundadores del Comité Nacional de Bioética de Italia en 1990, ocupando la presidencia de 1995 a 1998 y de 2001 a 2006. También fue presidente de la Unión de Juristas Católicos italianos y miembro de la Academia Pontificia para la Vida.

Sus trabajos sobre los temas del bioderecho, especialmente en lo que concierne a la vida y la familia, han sido pioneros en el pensamiento iusnaturalista. Fue un firme defensor de las verdades de la ley natural y, a su vez, un exquisito intelectual y preclaro expositor al momento de presentar ese pensamiento en los debates públicos. Con enorme solvencia, sus intervenciones orales o escritas se caracterizan por la claridad del pensamiento, el rigor de la argumentación, la coherencia, la inteligencia de las distinciones y sistematizaciones de las cuestiones en juego, la agudeza en la percepción de la realidad y la profundidad de los fundamentos y razones.

D’Agostino ha sido verdadero maestro de muchísimos juristas y pensadores de la bioética, no solo en Italia, sino en todo el mundo. Sus escritos han iluminado el camino de muchos de quienes transitamos los caminos del bioderecho.

Para D’Agostino, ““la bioética surge como respuesta a un malestar cada vez más tangible: el que experimenta el hombre frente al fuerte carácter invasor de la biomedicina y la biotecnología modernas. Pero rápidamente ella misma se ha convertido en señal de malestar, en fuente de controversias, en ocasiones muy bruscas, de carácter no sólo teórico, sino también práctico. Dicho malestar parece incrementarse cuanto más aumenta el número de cuestiones casuísticas de las que se encargan los bioéticos y cuanto más se implican los juristas y los políticos en sus debates, donde su participación llega a ser prácticamente imprescindible y decisiva”.[1]

En sus distintas intervenciones y escritos, D’Agostino no elude la consideración de los problemas casuísticos concretos. Pero también advierte el peligro de reducir todo a la casuística y se esfuerza por profundizar en los grandes principios de la bioética y el bioderecho, y en la relación entre ambas disciplinas. Al respecto, D’Agostino enseñaba que para distinguir entre bioética y bioderecho había que “recurrir al esquema, o mejor dicho a la metáfora, de las vertientes, que insisten en la propia realidad o, mejor dicho, pertenecen a la propia realidad, pero al mismo tiempo se refieren a ella desde diversas perspectivas. Como vertientes, ética y derecho son dos modos de considerar el ser del hombre como relacional. Ninguna de estas dos vertientes es capaz de representarlo exhaustivamente, pero cada una de ellas posee una verdad específica propia. La ética y el derecho están llamados a salvar el carácter relacional del ser del hombre: éste es el sentido que los une. Pero los salva de diferente manera”.[2]

Gran defensor de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, los grandes temas de la bioética fueron abordados por este maestro. Desde las cuestiones vinculadas con el aborto y el inicio de la vida, hasta la eutanasia y las amenazas a la vida en su etapa final. También se destacó por sus enseñanzas en torno al matrimonio y la familia, sobre todo de cara a los desafíos planteados por la ideología de género.

Ante la difusión de un laicismo militante que parece querer excluir lo religioso de la vida pública, D’Agostino fue un pensador católico que supo encarnar el estilo de laicidad que surge del Concilio Vaticano II. Así, como verdadero jurista, argumentaba desde la razón y la ley natural. Pero ello no impedía que fuera públicamente conocido como católico y que tuviera claras y precisas intervenciones comentando y argumentando a partir del pensamiento de la Iglesia. Así también fue un destacado laico, que contribuyó a fortalecer el Magisterio en estas materias, especialmente a partir de su tarea en la Unión de Juristas Católicos y en la Pontificia Academia para la Vida.

En la nota publicada por Vatican News, se destaca que “los obispos también se refieren a su “pensamiento original”, “un punto de referencia seguro tanto para los estudiosos de la filosofía y el bio-derecho, como para la opinión pública, a la que siempre supo dirigirse con claridad y precisión”.[3]

En la emotiva semblanza publicada en el diario “Avvenire”, uno de sus discípulos, Claudio Sartea, afirmaba: “Francesco D’Agostino es un maestro de un género mucho más alto: para mí fue un verdadero Maestro, de vida, de saber, de trabajo, de fe, de laicidad, del uso cristiano de la razón, de la cultura, y en estos últimos tiempos dolorosos, de sobriedad y dignidad.”[4]

Desde el Centro de Bioética, Persona y Familia queremos rendir homenaje a este maestro, agradeciendo su vida, su testimonio y sus enseñanzas y rezando a Dios por su eterno descanso, con fe en la Resurrección.


[1] D’AGOSTINO, FRANCESCO, Bioética. Estudios de filosofía del Derecho, traducción de Guylaine Pelletier y Jimena Licitra, Madrid, Ediciones Internacionales Universitarias, 2003, p. 15.

[2] D’Agostino, F., op. cit., p. 67-68.

[3] Capelli, Benedetta, “Falleció el profesor Francesco D’Agostino experto de bioética”, Mayo de 2022, disponible en: https://www.vaticannews.va/es/iglesia/news/2022-05/fallecio-el-profesor-francesco-d-agostino-experto-de-bioetica.html

[4] Sartea, Claudio, “Francesco d’Agostino. L’uso cristiano della ragione di un vero maestro tra fede e vita”, 6 de mayo de 2022, disponible en: https://www.avvenire.it/opinioni/pagine/luso-cristiano-della-ragione-di-un-vero-maestro-tra-fede-e-vita