Resumen
Se
efectúan consideraciones sobre un caso presentado a un Comité de Bioética
Asistencial. Se trataba de determinar la conducta ética de ligadura de trompas
en cumplimiento de un simple deseo de la paciente dentro de lo permitido por la
ley.
Palabras
claves:
ligadura de trompas, contracepción, principios éticos, autonomía, fuentes de
conducta profesional.
I. El caso y los interrogantes que
plantea
Se presentó a un Comité de Bioética Asistencial
de un Hospital de Santa Fe el caso de una joven de veinte años de edad, sana,
que solicitó, de acuerdo con lo permitido por la ley provincial 12.323/04, la
ligadura de trompas de Falopio. Según lo manifestado por la paciente el motivo
de su pedido era la satisfacción plena de su sexualidad, sin temor de
embarazos. La paciente era soltera con parejas diversas, no tenía hijos y hasta
ese momento no se había embarazado utilizando métodos de barrera.
La ley autoriza la ligadura de trompas
a simple requerimiento, sin embargo, dada la edad de la paciente el médico
tratante manifestó sus dudas y consultó al Comité.
El
estudio de este caso nos lleva a plantear los
interrogantes científicos, legales y éticos siguientes:
- La ligadura de trompas produce un estado
patológico de infertilidad difícilmente reversible. ¿La única opción para
evitar un embarazo es la ligadura de trompas?
- ¿Es científico, sin causa médica que lo
justifique, alterar el normal funcionamiento del organismo conduciendo a una
“patología” artificial, efectuada por la praxis médica? ¿Constituiría esta
conducta una mala praxis?
- ¿La edad de la paciente y el hecho de no tener
hijos debe tomarse en cuenta?
- ¿La autonomía del paciente
es ilimitada y siempre obliga al médico?
- ¿La ley protege derechos o
deseos? ¿Cuándo el deseo es un derecho?
- ¿Se puede desde la ciencia cuestionar una ley?
- ¿El cumplimiento de una ley
obliga al médico a efectuar algo que por sus conocimientos científicos y
principios de su ética profesional no se justifican?
- ¿Cuál es la fuente de toma
de decisiones médicas para asegurar una decisión correcta?
- ¿Cuál debe ser la conducta ética y científica
del profesional?
- ¿La
esterilidad que deberá soportar de por vida la paciente, le ocasionará algún padecimiento afectivo o
social en el futuro?
- ¿El
simple temor al embarazo o el deseo de gozar plenamente de su sexualidad, es
una condición psíquica que justifique dicha intervención?
- ¿Existe en su relación de pareja o en el medio
social en el cual se desempeña, algún factor que pudiera inducirla a esta
solución?
- ¿La paciente expresa realmente un deseo de
infertilidad definitiva o, simplemente,
un temor al embarazo temporal y a sus consecuencias?
Trataremos
de contestar las preguntas formuladas.
1.
La ligadura de trompas produce un estado patológico de infertilidad
difícilmente reversible, esta no se da en todos los casos y tiene un alto costo
económico.
Con
ella impedimos el embarazo sin los efectos secundarios que podríamos tener con
una medicación anovulatoria, y se logra la infertilidad permanente que es el
fin que se persigue; pero no es la única opción para evitar un embarazo, la utilización
de los métodos naturales de control de la fecundidad, son eficaces y no tienen
contraindicaciones.
2. ¿Es científico, sin causa médica que
lo justifique, alterar el normal funcionamiento del organismo conduciendo a una
“patología” artificial, efectuada por la praxis médica? ¿Constituiría esta
conducta una mala praxis?
Al no existir causas patológicas que justifiquen el procedimiento desde un punto
de vista científico, se realizaría a simple requerimiento de la interesada, lo cual
está permitido por la ley[1].
La infertilidad no sería aquí un efecto secundario no deseado, como sucedería
si se efectuara por un motivo con indicaciones médicas.
Producir una patología, solo se justifica si está en peligro la vida o la salud del paciente. En esta
situación, la discapacidad producida es un efecto secundario indeseado, el
deseo es salvar su vida, y por lo tanto no constituye una mala praxis.
En este caso no existe científicamente
una causa que prescriba una ligadura de
trompas, científicamente no está
indicada y por lo tanto el profesional no está obligado a efectuarla. Es
probable que de hacer la intervención quirúrgica incurra en una mala praxis.
Ya que no se encuentra patología médica
que establezca este procedimiento, el problema se centra en la autonomía de la
paciente, la autorización por la ley y la toma de decisiones médicas que
abordaremos oportunamente.
3. ¿La edad de la paciente y el hecho de no tener hijos deben tomarse en
cuenta?
Son datos que no deben desconocerse,
pueden indicar la necesidad de prestar una atención especial a aspectos
psicológicos y sociales pero lo fundamental es la consideración del aspecto
científico y ético de la ligadura de trompas.
4. ¿La autonomía del paciente es ilimitada
y siempre obliga al médico?
¿Puede el profesional efectuar un
procedimiento que conducirá a un estado patológico, como lo es la infertilidad,
irreversible por lo general, a simple requerimiento de la paciente, sin causa
médica que lo justifique, solamente en nombre del respeto a su autonomía?
La autonomía se ejerce en el marco de
la libertad; autonomía y libertad son la expresión de la dignidad intrínseca de
toda persona humana, y requieren asumir la responsabilidad de su utilización y
de sus consecuencias. Pero autonomía y libertad tienen límites: son los
enmarcados por el deber (hacia terceros y hacia sí mismo), por los valores propios de la persona humana
y por el bien personal y social, el deber hacia sí mismo impone el objetivo del
propio bien y no solamente el cumplimiento de un simple deseo.
¿Conoce la paciente cual es el bien
real y definitivo para ella? ¿Cuándo podemos deducir que existe un bien para la
persona?
Toda vez que la persona se humaniza
alcanza un bien y este bien origina felicidad. No es humanizar infligir un daño
definitivo a una persona, aún a su pedido.
Existen límites al cumplimiento de la autonomía del paciente,
aunque ésta indiscutiblemente siempre debe ser tenida en cuenta y respetada.
Los límites son los que imponen el bien
del paciente y los deberes científicos y éticos del médico.
En relación a la anticoncepción el
Código de Ética para el equipo de salud de la Asociación Médica Argentina, en
su artículo 472 expresa “no se pueden proponer métodos esterilizantes
(definitivos o reversibles) como tratamiento anticonceptivo cuando no exista
una indicación médica precisa”
Al no existir indicación médica de ligadura de trompas,
al realizarla se incumple una obligación ética profesional.
La ley desconoce estos principios. Además,
la ley se dicta para proteger derechos que otorgan un bien a la persona y a la
sociedad, no para proteger una práctica dañosa.
5. ¿La ley protege derechos o deseos?
¿Cuándo el deseo es un derecho?
Las leyes protegen derechos no deseos, a menos que estos deseos
protejan derechos. La libertad es un derecho, el deseo, como simple deseo
no.
¿Es un derecho la ligadura de trompas a
simple requerimiento, por simple deseo, sin causa médica que la justifique?
La automutilación por simple deseo no
es un derecho, siguiendo a Pies[2].
diríamos que es solo el ejercicio de la libertad de la persona, que por otra
parte también tiene sus límites en sus objetivos, pero de ninguna manera obliga
al médico, ni existe la obligación por parte del Estado de ampararla por la ley
6. ¿Se puede desde la ciencia
cuestionar una ley?
Consideramos que se puede y se debe
cuestionar una ley desde la ciencia médica y jurídica, de no hacerlo nos
opondríamos a todo progreso, y éste para ser tal debe incorporar valores.
7. ¿El cumplimiento de una ley obliga
al médico a efectuar algo que por sus conocimientos científicos y principios de
su ética profesional no se justifican?
Más allá de la objeción de conciencia
creemos que no.
8. ¿Cuál es la fuente de toma de
decisiones médicas para asegurar una decisión correcta?
La toma de decisiones médicas se
efectúa desde la ciencia y la ética profesional.
9. ¿Cuál debe ser la conducta ética y
científica del profesional?
El
profesional debe cumplimentar cuatro principios: respeto por la autonomía del
paciente, no maleficencia, beneficencia y justicia[3] .
Efectuar una ligadura de trompas sin
ninguna patología que se beneficiaría con este procedimiento, es una real
maleficencia, y la primera orden médica es no dañar, tampoco practicamos la beneficencia. Las dificultades
para la reversibilidad vulneran, también, el principio de beneficencia, no
maleficencia. No actuamos con justicia porque la conducimos a un grupo
vulnerable y aún, discriminado, de persona estéril y, además, en relación con
este principio, surge el conflicto por la distribución de recursos que son
escasos y que deberían aplicarse a tratamientos de patologías severas. Los principios
de la Bioética principialista no se cumplen.
Tampoco se cumplen los principios de la Bioética
personalista[4]: la práctica afecta el principio de
inviolabilidad o de no disponibilidad de la persona y el de la unidad y
totalidad.
El principio de inviolabilidad o de no
disponibilidad de la persona (incluso
contra la voluntad del sujeto mismo) “constituye el eje central ontológico y
ético de toda norma ética y jurídica”[5].
“El hombre tiene una responsabilidad
sobre sí, no un dominio o autoposesión arbitraria. En el plano puramente
racional este fundamento estriba en el hecho de que la persona es el valor
primero y trascendente y, si falla ese fundamento, se acaba en el relativismo
total”[6].
Destacamos que
“…si el hombre tuviera un dominio arbitrario sobre sí mismo, si fuera su
dueño despótico, ¿porqué no habría de tener el mismo dominio sobre los
demás?…”[7].
Si no se acepta una visión creacionista o al menos personalista del hombre “-y
entonces el valor hombre es absoluto e intangible -“[8] ,
“se acaba en una visión inmanentista (el hombre dueño del hombre/el Estado
dueño del hombre)” y se da paso no sólo
a la esterilización sino al suicidio, a la eutanasia, y a justificar
el homicidio voluntario, el aborto y todo tipo de violencia[9].
En relación con el principio, de unidad o de totalidad de la
persona, “no se da el bien total de la
persona cuando se satisface a la misma en sus opciones sociales, o
utilitaristas o psicológicas (aunque tengan un motivo), si es con detrimento de
su corporeidad y si esta misma no obtiene algún beneficio”[10].
No podemos dejar de
mencionar que no todos los casos son iguales. Los seres humanos son singulares
y por lo tanto también lo son las circunstancias que viven. Jonsen expresaba con mucha sabiduría “al movernos de
la claridad intelectual de los principios, a la densa oscuridad de los casos con sus múltiples
circunstancias, necesitamos una guía más
específica que la que pueden dar los
principios”[11].
Asimismo, se ha afirmado que “los
principios proporcionan indicaciones generales de comportamiento, pero es el
valor ético del bien de la persona como fin último que se debe alcanzar, el que
confiere el sentido último de la acción”[12].
10. ¿La esterilidad que
deberá soportar de por vida la paciente, le ocasionará algún padecimiento
afectivo o social en el futuro?
No lo sabemos. Pero sí sabemos que la
incluimos en un nuevo y más vulnerable grupo: el de personas estériles, que
podría, en el futuro, ocasionarle perjuicios afectivos y sociales; por ejemplo,
si desea un embarazo y debe recurrir a la fertilización asistida (técnica
costosa, que presenta, asimismo, numerosas objeciones científica, ética y
jurídicamente).
En el tema en estudio, se alude a la salud psíquica y a los factores
socio-económicos[13].
11. ¿El simple temor al embarazo o el
deseo de gozar plenamente de su sexualidad, es una condición psíquica que
justifique dicha intervención?
Si un paciente deprimido intenta
suicidarse, para finalizar con su sufrimiento psíquico ¿contribuimos a su
suicidio o tratamos su depresión? La respuesta es obvia: tratamos su depresión,
tratamos la causa.
En esta paciente existe un temor y un
deseo. El tratamiento psicológico de los mismos resulta prioritario, más aún ya
que se trata de una paciente muy joven, cuya madurez psíquica en la comprensión
y alcance de los resultados de sus decisiones debe ser valorada.
12. ¿Existe en su relación de pareja o
en el medio social en el cual se desempeña algún factor que pudiera inducirla a
esta solución?
No parecen existir problemas sociales
en esta paciente de manera evidente, pero un estudio psicológico podría
ponerlos de manifiesto.
13. ¿La paciente expresa realmente un
deseo de infertilidad definitiva o
simplemente, un temor al embarazo temporal y a sus consecuencias?
El estudio psicológico de la paciente
es aquí fundamental, para dilucidar el valor que debemos dar a su decisión
autónoma.
II. Las leyes de anticoncepción
quirúrgica, disposiciones del Código Civil y Comercial y el consentimiento informado
Las leyes de anticoncepción
quirúrgica, tanto la ley de la provincia
de Santa Fe, 12.323/04 como la ley
nacional 26.130/06 son ilegítimas porque
se oponen a la exigencia natural de preservación de la integridad física de
toda persona.
El consentimiento informado[14]
no elimina la ilegitimidad mencionada. Se vulnera un derecho humano fundamental,
la integridad física de la persona, derecho personalísimo. El bien jurídico
debe ser disponible para que la declaración tenga validez; la disponibilidad
del bien jurídico afectado en caso de contracepción jurídica por parte del
titular no es absoluta.
No podemos dejar de mencionar que el
Código Civil y Comercial dispone en el art. 51 referido a la “inviolabilidad de la persona humana” que “ la persona humana es inviolable y en
cualquier circunstancia tiene derecho al reconocimiento y respeto de su
dignidad” ; en el art.55 que alude a la
“disposición de derechos personalísimos” que “ el consentimiento para la disposición
de los derechos personalísimos es admitido si no es contrario a la ley, la
moral y las buenas costumbres”; en el
art. 56 sobre “ actos de disposición sobre el propio cuerpo” que
“están prohibidos los actos de disposición del propio cuerpo que ocasionen una
disminución permanente de su integridad o resulten contrarios a la ley, la
moral o las buenas costumbres, excepto que sean requeridos para el mejoramiento
de la salud de la persona…” y en el art. 59
sobre “consentimiento informado
para actos médicos e investigaciones en salud” que “el consentimiento
informado para actos médicos e investigaciones en salud es la declaración de
voluntad expresada por el paciente, emitida luego de recibir información clara,
precisa y adecuada, respecto a: …// d) los riesgos, molestias y efectos
adversos previsibles. …//e) la especificación de los procedimientos
alternativos y sus riesgos, beneficios y perjuicios en relación con el procedimiento propuesto…”.
Asimismo, ponemos de relieve que la contracepción quirúrgica es
antijurídica por la vigencia del art. 91 del Código Penal que establece que son
punibles las lesiones que produzcan “la pérdida…de la capacidad de engendrar o
concebir”. Adherimos a la postura
que sostiene que el Estado tiene interés en la protección de la integridad
física de las personas[15],
por lo tanto, y si no media causa de justificación, corresponde sancionar el
perjuicio que se produce a la misma. Compartimos la opinión que sostiene que el
consentimiento del interesado no constituye en estos casos una causa de
justificación; no excluiría la tipicidad del delito[16].
Además, existe contradicción entre el
art. 7º de la ley 12.323/04 y el art. 5º de la ley 11.888/01. El primero
dispone que “los métodos de anticoncepción quirúrgicos autorizados por la
presente, forma parte del programa creado mediante la Ley 11.888 y se integran
al mismo con todas las previsiones allí contempladas, así como con sus
objetivos y orientaciones” y el segundo
establece que “los métodos anticonceptivos, naturales o artificiales,
que los profesionales pueden prescribir, deben encontrarse autorizados por el
Ministerio de Salud de la Nación, y ser de carácter transitorio, reversible y
no abortivo”.
III. La esterilización y la
protección de la persona. Régimen de justicia
Para la teoría trialista del mundo jurídico, el principio
supremo de justicia, consiste “en asegurar a cada cual una esfera de libertad dentro de
la cual sea capaz de desarrollar su personalidad, de convertirse de individuo
en persona…de `personalizarse´”[17]y este principio aparece con respecto a cada reparto y con miras al orden de repartos
(al régimen)[18].
Para la personalización es necesario el
despliegue de cualidades valiosas[19].
Consideramos que no se personaliza al ser humano con la esterilización[20].
La esterilización indica “una falta y
un vacío del valor vida y del valor persona”[21] y
respecto a la esterilización voluntaria, probablemente, también nos enfrentemos
ante “un síntoma de carácter psíquico de
naturaleza destructiva”[22]. Además, la práctica favorece la consideración por parte de terceros e incluso de la
misma mujer como objeto de placer sexual
y no como sujeto con dignidad, que debe
respetarse a sí misma y ser respetada en esa relación tan profunda e íntima
basada en el amor.
Para
la realización del régimen de justicia hay que proteger a la persona contra los
demás, contra lo demás (enfermedad, ignorancia, soledad, etc.) y contra sí misma[23].
No se brinda esa protección consagrando
legalmente prácticas como la abordada en las que se reconoce que pueden darse “secuelas psicofísicas,
espirituales y sociales”[24].La
protección se configura sólo si existe indicación terapéutica para la ligadura
de trompas y ello se da en casos excepcionales.
Los médicos deben actualizarse acerca
del uso de los métodos naturales y promoverlos. Asimismo, deben mencionar los
daños y las contraindicaciones sanitarias de los métodos artificiales de
control de la fertilidad.
No consideramos que configure una
actitud paternalista de los médicos ayudar a la persona a velar por su
integridad física, su dignidad, su crecimiento psíquico y espiritual y a que
tome decisiones razonadas, beneficiosas y justas[25].
Creemos que es una obligación de todo profesional y que hace a la relación
médico paciente y enaltece a la profesión.
Conclusiones
La ligadura de trompas a simple requerimiento
vulnera los principios bioéticos de la profesión médica, tanto los de la
Bioética principialista (de beneficencia, no maleficencia y de justicia) como
los de la Bioética personalista (de inviolabilidad o de no disponibilidad de la
persona y el de la unidad y totalidad).
Autonomía y libertad son la expresión
de la dignidad intrínseca de toda persona humana, y requieren asumir la
responsabilidad de su utilización y de sus consecuencias. Pero autonomía y
libertad tienen límites, el deber hacia sí mismo impone el objetivo del propio
bien y no solamente el cumplimiento de un simple deseo. Toda vez que la persona se humaniza alcanza
un bien y este bien origina felicidad. No es humanizar infligir un daño
definitivo a una persona, aún a su pedido.
Se considera que tanto la ley
provincial 12.323/04 como la nacional
26.130/06 referidas a contracepción quirúrgica son ilegítimas porque se oponen
a la exigencia natural de preservación de la integridad física de toda persona.
Ponemos de relieve que la contracepción
quirúrgica es antijurídica por la vigencia del art. 91 del Código Penal.
También destacamos que existe
contradicción entre el art. 7º de la ley 12.323/04 y el art. 5º de la ley
11.888/01.
La esterilización no es una práctica
personalizante y suscita debate en relación con las políticas públicas atento
la escasez de recursos en materia sanitaria y la prioridad en la atención de
patologías severas.
En el estudio del caso, la edad de la
joven, la carencia de hijos en la actualidad,
la inexistencia de patología para que los tenga en el futuro y la opción de métodos conservadores para
impedir el embarazo, hace rechazar esta conducta y aconsejar un estudio
psicológico de la misma, en vista a determinar
el grado de su madurez, para la comprensión del acto que solicita, con
sus riesgos y consecuencias, y del consentimiento informado que se le ofrece.
Razonando así, con el objetivo médico
de otorgar el mayor bien a nuestro paciente, en
el respeto a la dignidad de la persona humana, a sus valores, su
libertad, su autonomía en la decisión final; y en el correcto conocimiento de
nuestros deberes científicos y éticos, será debidamente cumplimentado nuestro
deber profesional.
Las soluciones no son todas iguales ni
genéricas. No todo en medicina es blanco o negro, existe el gris; y es en este
gris en el cual debemos tomar nuestras decisiones, con conocimiento, con
responsabilidad y con prudencia.
La paciente no debe ser, sin embargo, desprotegida. Ha llegado a la consulta médica con temor, con deseos y con esperanzas; no debe ser defraudada. Debemos hacerle llegar nuestro apoyo, brindándole un método eficaz y no dañoso para cumplimentar sus deseos y necesidades reales y al mismo tiempo un estudio psicológico y un tratamiento adecuado si se impone.
Por Teresa M. Fraix[i] y Graciela N. Gonem Machello[ii]
[i] Doctora
en Ciencias Médicas y Magister en Bioética, Prof. Honoraria de la Facultas de
Medicina (UNR) Profesora a cargo de de Bioética Clínica (curso para médicos
residente)de la Facultad de Ciencias Médicas(UNR).
[ii] Abogada,
Investigadora científica categoría “C” CIUNR, Docente de la Facultad de Derecho(UNR).
[1] Puede v. SIVERINO BAVIO, Paula, Derechos humanos y ligadura de trompas. Comentario a la ley 26.130 en “La Ley”,
t.2006-F, pág. 1255. La autora destaca,
como aspecto positivo, que la ley
nacional no exige para la intervención ninguna exigencia previa, sólo el
consentimiento libre e informado de la persona capaz y sostiene una postura a
favor de la contracepción quirúrgica que
no compartimos.
[2] PIES, Ronald, Brittany
Maynard and the Loose Language of Suicide, Mescape Ethics and
Psychiatry, November 19-2014.
[3] BEAUCHAMP, T. y
CHILDRESS, J., Principles of Biomedical
Ethics, Masson S.A, 1999.
[4] SGRECCIA,
Elio, Manual de Bioética, México,
Diana, 1996, págs. 153-162.
[5]Ibídem, pág. 472.
[6]Ibídem.
[7]Ibídem, pág. 473.
[8]Ibídem.
[9]Ibídem.
[10]Ibídem, pág. 476.
[11] JONSEN,
A.R; SIEGLER, M.; WINSLAB, W. J.,Clinical
Ethics, McGorw Hill Inc., 1992.
[12] SGRECCIA, op. cit., pág.166.
[13] SIVERINO
BAVIO, op. cit., pág. 1262.
[14]Se refieren
al consentimiento informado los arts. 4º de la ley 12.323/04; 6º del decreto
987/05 que reglamenta la ley antes mencionada y el 4º de la ley 26.130/06.
[15] En
contra de esta postura puede v.
CIFUENTES, quien sostiene que “no
aparece el interés del Estado como primordial, ni se atenta contra la moral pública”. (Op. cit., pág. 296); BIDART CAMPOS, Germán, La tutela médica del Estado providente y la privacidad matrimonial,
nota a fallo del Juzgado Nº 3 en lo Criminal, Mar del Plata, agosto 12-1991, M.L.A. de A., en ED,
145-439. Asimismo, SIVERINO BAVIO, destaca que “es factible considerar que el
Estado no puede impedir a una persona someterse voluntariamente a una
intervención de contracepción quirúrgica…”.
SIVERINO
BAVIO afirma que no descarta ni rechaza el tipo descripto por el art. 91 del
Código Penal que puede aplicarse de hecho cuando la anticoncepción quirúrgica
es instrumentada o impuesta de manera compulsiva; por causas eugenésicas;
“induciendo y/o presionando a
personas de escasos recursos mediante incentivos tales como comida,
planes sociales o dinero”. (Op.cit.
pág. 1270).
Compartimos
la opinión de la autora antes mencionada respecto a “que se debe estar muy
atentos para evitar se produzcan los hechos lamentables que se registraron en
otros países donde se abusó de la contracepción quirúrgica usándola de modo
delictivo para esterilizar mujeres pobres y analfabetas de poblaciones rurales”.
(Ibídem).
[16] En contra
de considerar comprendido el tema en estudio en el art. 91 del Código Penal,
entre otros, BUOMPADRE, Jorge Eduardo, Tratado
de Derecho Penal. Parte especial, 3ª edic, Bs. As., Astrea, 2009, t.1, pág.
242. El autor expresa que “la lesión
sólo es punible si se la realiza fuera de las previsiones establecidas por la
ley 26.130”.
[17]
GOLDSCHMIDT, Werner, Introducción
filosófica al Derecho. La teoría trialista del
mundo jurídico y sus horizontes, Bs. As., Depalma, 1985, pág. 417.
[18]Ibídem, págs. 417 y ss. Se
llama repartos a las “adjudicaciones de potencia e
impotencia que promueve el hombre” (Ibídem,
págs. 48-49).
[19]
GOLDSCHMIDT, Fundamento de las
personalizaciones y Teología de los valores, en ED, t.
l24, pág. 7l5.
[20] En
contra de nuestra opinión, invocando, también, el principio de justicia y
sosteniendo a favor de la ley 26.130/06 un humanismo abstencionista (
humanismo que consideramos no se configura en el tema abordado) puede v. el
trabajo de ZABALZA, Guillermina; SCHIRO,
María Victoria y CALÁ, María Florencia, Cambio
de paradigma en la toma de decisiones terapéuticas: La ligadura de trompas y la
vasectomía, en “Cartapacio de
Derecho”, Revista Electrónica de la Facultad de Derecho-UNICEN, Vol. 11, Año
2006, págs.48 y ss., Astrea Virtual, https://www.astreavirtual.com.ar/panel.php?b=8000011,
15/04/19.
[21] SGRECCIA, op. cit., pág. 478.
[22]Ibídem.
[23]
GOLDSCHMIDT, Introducción filosófica…, op. cit.,
págs. 446 y ss.
[24] Puede v. el
art. 6º del decreto 987/05 que
reglamenta la ley 12.323/04 de anticoncepción quirúrgica.
[25] En contra
de nuestra opinión, ZABALZA, SCHIRO y CALÁ,
op. cit., pág. 51.